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(Escribe Bosque) Aquella noche inolvidable de Tokio
26/01/2015
EnerNews / MiningPress

DANIEL BOSQUE*

El portugués Luis Figo era la gran atracción y el niño mimado del marketing de la final, pero un zurdo rudimentario y desconocido, Aníbal Matellán se encargó de opacarlo con un par de trucos que le tiró desde el banco Carlos Bianchi.

En cambio, en esa fría noche de Tokio de los dos madrugones de Martín Palermo, el esmirriado 10 de Boca Juniors brilló, como pocos lo habían hecho en una final de Copa Intercontinental. Y terminó dándole un concierto de futbol colosal a medio Real Madrid, desesperado por encontrarle las piernas.

Quien escribe estas líneas soportaba con pasión el 0ºC que hacía en la tribuna, lindera con el palco de periodistas japoneses. “¡Number ten, Number ten, Riquelme, remember, write!” le decían los hinchas argentinos a los cronistas vecinos, tras los oooles bosteros que bajaban de la tribuna, mientras Fernando Hierro y Roberto Carlos trataban de descifrar donde escondía el balón el pibe de Don Torcuato. La prensa terminó de  convencerse: “¿Si Figo vale US$ 35 millones (n. de la r.: precio record del futbol mundial en el año 2000) cuanto pagaría usted por Juan Román Riquelme?” tituló el otro día del partidazo el The Japan Times.

Antes y después de esa noche de gloria, los hinchas de Boca hemos tenido incontables alegrías, en decenas de oportunidades le hemos agradecido a Dios que haya depositado al crack en la Bombonera. El mismo estadio, como en una escena griega, ha debatido más de una vez si Román tenía o no razón en sus pertinaces conflictos con la dirigencia. Por suerte, los amantes del buen futbol suelen ser más que aquellos que pretenden que los jugadores sean buenos empleados del club, muchachitos correctos, a los cuales hay que pedirles la mesura y la humildad cuya ausencia se tolera a los poderosos.

Los hinchas de otros equipos quisieron ofender a los xeneixes con aquello de "pecho frío" o "tristelme", pero bien saben del sudor frío que les corría cada vez que el enganche ponía la redonda bajo el botín.

En un viaje en taxi, la semana pasada, el chofer me preguntó de qué equipo soy. Al descubrirnos los dos de Boca, rápidamente nos declaramos riquelmistas y nos lamentamos no tenerlo más con nosotros. Pasajero y taxista nos metimos en un largo túnel recordando la magia de nuestro mejor enganche, olvidándonos del calor, de la inflación y de otras cosas más densas de la realidad y de la vida.

¿Ya dije Gracias por todo Román?

 *Director de Mining Press y EnerNews. Bostero

 

Riquelme vs. Real Madrid, un bailongo argentino


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