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ANÁLISIS
Ernesto Cussianovich (Poliarquía): Chubut y la gobernanza de los recursos naturales
31/05/2019
MINING PRESS/ENERNEWS

ERNESTO CUSSIANOVICH*

(Especial para Mining Press) Las elecciones primarias en Chubut definieron las fuerzas políticas que el próximo 9 de junio competirán por los cargos del ejecutivo y legislativo provincial para los próximos cuatro años. En esta contienda ocuparon los primeros puestos, por un lado, la alianza Chubut al Frente encabezada por el gobernador Arcioni y, por el otro, las distintas expresiones del Justicialismo local que estarán representadas por Carlos Linares, actual intendente de Comodoro Rivadavia.

Se sumaron también a la disputa electoral el aspirante de la coalición Cambia Chubut, Gustavo Menna y el resto de candidatos y fórmulas que lograron superar el mínimo requerido por la ley electoral. Pero como ocurre cada cuatro años, además de renovar cargos, las elecciones en Chubut permiten descifrar algunas de las claves más recientes de la política local.

Entre otros aspectos, han hecho más perceptible el débil liderazgo político que hoy sobresale en la provincia luego del fallecimiento del gobernador Das Neves. Asimismo, casi como una paradoja, los comicios han puesto al descubierto la apatía y desinformación que hoy prevalece entre los chubutenses respecto de sus dirigentes políticos, aunque también de sus propios candidatos a cubrir cargos públicos.

Esta ausencia de liderazgo y este desinterés de los ciudadanos tienen a su vez algunas derivaciones. Por un lado, generaron una mayor fragmentación del voto y de las preferencias políticas y, por otro, desplazaron de la escena política al elenco estable de dirigentes que hasta hace pocos años gozaban de cierta presencia en la provincia. En esto tuvo que ver la figura y popularidad del fallecido gobernador en el mapa electoral y, de hecho, que hoy se celebren comicios en Chubut sin su participación es en sí mismo un suceso significativo.

Ciertamente, meses antes de su última campaña en el 2015, de un total de 16 dirigentes políticos de la provincia, Das Neves era el único que gozaba de niveles de favoritismo y liderazgo casi inmejorables. Frente a la pregunta, “¿podría decirme un político de la provincia que le guste?, el 30% de los chubutenses se inclinaba por el ex gobernador y detrás de él, aunque mucho más lejos, se posicionaba el resto de los 16 dirigentes, cada uno de los cuales no alcanzaba siquiera el 3% de las preferencias.

Sin embargo, hay que decir que el estilo dominante y de fuerte presencia que impuso el ex gobernador en la vida política local no fue del todo conveniente para la provincia. Mucho menos lo fue para la tradición democrática y participativa gestada en poco más de cincuenta años.

Más aún, tras el fin de este liderazgo, lejos de aflorar un debate de ideas y de nuevas fuerzas políticas que retornen al camino del fortalecimiento institucional, lo que quedó en Chubut fue una forma de vacancia política, a veces inanimada y otras veces anodina.

Nuevamente, esto tuvo en parte que ver con a la influencia de esa potestad casi sin límites que ejerció Das Neves durante sus años de gobierno, aunque también, vinculado a esa potestad, a la preponderancia que el líder le dio a la argucia de la gobernabilidad en detrimento de la gobernanza.

Un artificio muy común y muy presente entre los gobernantes argentinos de la última década que, a cambio de estabilidad, ofrecieron una mayor cuota de permanencia en el poder.

En una provincia cuya estructura económica y vida política se sostienen en buena parte gracias a las rentas derivadas de sus recursos naturales, la gobernanza de dichos recursos es sin dudas el mejor instrumento para cambiar la orientación en el manejo financiero y fiscal de sus rentas, pero también es la manera más efectiva de avanzar en la democratización, la equidad y la sustentabilidad. Ejercida a través de instituciones formales e informales, la gobernanza de los recursos naturales contribuye a mejorar las decisiones políticas, pero también a asegurar un cambio significativo en el paradigma de desarrollo provincial, particularmente en lo referido a las denominadas industrias y sectores extractivos.

Por otro lado, hay que señalar también que las elecciones en Chubut, además de hacer visibles la desidia y las viejas prácticas políticas, traducen con nitidez las expresiones de preocupación de sus habitantes respecto de la situación económica, el desempleo, y la conflictividad social. En esto tiene mucho que ver la crítica situación a nivel nacional y la propia crisis de la provincia, pero también las oscilaciones de la dirigencia política respecto de sus disputas o discrepancias regionales, alimentadas por diversas formas de localismo y clientelismo.

Efectivamente, las elecciones transcriben con claridad las diferencias territoriales o, si se quiere, las rivalidades geográficas entre los polos productivos de la provincia. Interpretan la inquietud por los problemas sociales y la seguridad en Comodoro Rivadavia, las demandas de generación de empleo genuino en la cordillera, las quejas de los sectores industriales en Puerto Madryn o los más recientes reclamos por una decisión política a favor de la minería en la Meseta.

En el voto se pueden leer las preferencias y las demandas políticas del “valle”, de la “costa”, de “la cordillera”, etc. Fuertes liderazgos, dirigentes desacreditados, ausencia de gobernanza y disputas regionales han generado en la población de Chubut una fuerte dosis de conformismo e inamovilidad y, en los últimos años, frente la pregunta “¿qué es lo mejor de vivir en Chubut”? más de la mitad de los habitantes responde casi con indolencia “la tranquilidad”, “tener un trabajo” y gozar de la naturaleza”. Es como si hubiese poco deseo de superación económica y menos aún de enfrentar los desafíos con el fin de alcanzar el desarrollo y el ascenso social de las personas.

Llama la atención del visitante la extraordinaria riqueza, pero también la amplitud de posibilidades que posee esta provincia, quizás una de las más prolíficas y diversas del país, tanto en recursos naturales como en recursos humanos. Existe en Chubut una especie de modelo “australiano” de desarrollo, algo que sus dirigentes no han podido identificar ni ciertamente aprovechar.

Es decir, un escenario geográfico donde la multiplicidad de territorios, regiones y riquezas hacen posible producir pero también hacer convivir la obtención de petróleo, la pesca, la producción de minerales, la cría de ganado o la generación de energía hidroeléctrica o eólica, etc. Se trata, en suma, de una provincia que cuenta con una plataforma inmejorable para adaptar la lógica de la mencionada gobernanza de los recursos naturales, la misma que permitirá quebrar viejos estereotipos sobre la “maldición de los recursos” pero también y primordialmente, romper con los liderazgos incongruentes y paternalistas que frenan la capacidad de decisión de sus fuerzas sociales y productivas.

A cambio de esto, lo que ha prevalecido en Chubut ha sido el rechazo condescendiente a la posibilidad de cambio y de progreso de sus ciudadanos. No ha habido apertura al debate dentro de las comunidades respecto de sus posibilidades de desarrollo que, en la mayoría de casos, se ha visto aplacado por la ambigüedad y el verticalismo de sus dirigentes políticos.

En los estudios de opinión pública que hemos realizado en Chubut, aparece la preocupación de los ciudadanos por el asedio de la crisis financiera y los desequilibrios económicos. Hoy más de la mitad de la población reconoce que la situación es complicada y un porcentaje similar afirma con pesar que la situación laboral es delicada y difícil de atravesar. Esto en paralelo al reconocimiento general que existe sobre la importancia que tienen los recursos naturales para el desarrollo de la provincia.

Efectivamente, como aparece en los citados estudios, la identidad de los chubutenses con sus recursos naturales es muy clara y determinante. Lo es por ejemplo con la actividad pesquera y petrolera, aún cuando con esta última ha disminuido en años recientes la percepción de la gente respecto de su rol como sector generador de desarrollo económico.

A fines del 2015, el 56% de los chubutenses apoyaba al sector petrolero como factor determinante para la economía de la provincia. Hoy esa cifra de apoyo llega al 20%. Esto es así porque en los últimos años los chubutenses han comenzado a identificar con más realismo otras preferencias o alternativas de desarrollo productivo.

Entre el 2015 y el 2019 se fueron produciendo algunos desplazamientos interesantes y, según hemos podido observar, aumentó por ejemplo el apoyo a la pesca que, en poco más de tres años, avanzó en las preferencias del 8% en el 2015 al 18% en el 2019. Por su parte, la ganadería pasó del 2% al 9%, en parte debido a un periodo de recuperación de stocks y finalmente, la minería, hasta hace poco invisible, se movió de un 1% en las preferencias de los chubutenses durante el 2015 a un 11% en el actual 2019.

En este contexto, afloran a veces con cierto desconcierto los interrogantes de la gente sobre las oportunidades que la provincia sigue dilapidando en relación a su potencial económico. No obstante, surgen también con mucha claridad los recaudos que exigen a sus gobernantes en relación al control, el cuidado del ambiente o la información requerida para tomar decisiones políticas respecto de su futuro. De estos estudios hemos podido concluir que la resolución del dilema sobre la relación entre recursos naturales y desarrollo económico en Chubut dependerá de un cambio de orientación en el posicionamiento del Estado respecto de la gobernanza de dichos recursos.

Asimismo, el consenso geográfico regional es importante, pero lo es más el acuerdo de la población en su totalidad respecto de los beneficios en la actualidad y el futuro. Lograrlo no es una tarea sencilla pero tampoco imposible y en los últimos años se han dado algunos pasos en esa dirección. Por otro lado, como corolario de esto último, se puede decir que en Chubut apelar a las dinámicas y deseos locales como la simple razón de fuerza para generar aprobación o consentimiento sobre el aprovechamiento de los recursos naturales es en realidad un camino de corta duración. Se necesita más que eso.

Además de decisión política, hay que seguir insistiendo de manera innovadora y recurrente sobre las posibilidades que ofrecen la tecnología, información y la comunicación. El potencial en esa línea es inconmensurable, cambian todos los días y además en ellas hay también mucho de gobernanza.

* Director Poliarquía Consultores
ecussianovich@poliarquía.com


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