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OPINIÓN
Mariano Tappata: El falso dilema que enfrentan Neuquén y Río Negro
21/06/2019
ENERNEWS/Río Negro

Mariano Tappata*

Es natural que el clima electoral lleve a los candidatos a realizar aseveraciones audaces. Las más recientes en la región apuntan a que los intereses del gobierno nacional se contraponen con los de la provincia o viceversa. Esto no es correcto al menos en lo que se refiere a la mayor preocupación de los votantes: la economía. Los mensajes cada vez más frecuentes por parte de empresarios y economistas pueden resumirse en que, hoy más que nunca, la microeconomía de Río Negro y Neuquén depende del éxito de la macroeconomía argentina.

En otras palabras, que no hay intereses contrapuestos, que el devenir económico de las dos provincias está atado de manera crítica al éxito de la política económica del gobierno nacional. Y que la dependencia es mayor que en el pasado y, a su vez, mayor que la que tienen otras provincias con la Nación. La razón radica en la estructura productiva actual de Río Negro y Neuquén ya que tanto los hidrocarburos, la fruticultura, la minería y en menor medida el turismo comparten características especiales.


En primer lugar, todas estas actividades requieren de grandes inversiones iniciales y largos períodos de recupero. Parece algo obvio en el caso de la exploración minera y de hidrocarburos. Pero quizá no tanto para la fruticultura moderna donde resulta indispensable la inversión para la adquisición de nuevas variedades, malla antigranizo, riego por goteo, y desarrollo de la cadena de comercialización. Para poner un ejemplo, mientras el productor agropecuario de la pampa húmeda toma decisiones de producción considerando las variables económicas para el próximo año, el fruticultor requiere un horizonte de al menos diez años.


En segundo lugar, las empresas en estos sectores compiten en mercados globales donde la incertidumbre respecto al nivel de tipo de cambio y de otros factores fuera del control local dificultan el planeamiento estratégico.

La consecuencia es que la evaluación de proyectos y decisiones de inversión en los principales sectores de la región se encuentran casi exclusivamente dominadas por el costo de financiamiento.

Más precisamente, por el riesgo país, que refleja la diferencia entre la tasa de interés que pagan los productores en países competidores como Chile, Estados Unidos o Nueva Zelanda con la que pagan nuestros productores. El riesgo país resume todo lo que no hemos logrado solucionar en los últimos 20 años: la inflación, la volatilidad cambiaria, los cambios en las reglas de juego y el bajo crecimiento económico. Todas cuestiones que el gobierno nacional puede afectar de manera directa al definir su política monetaria y fiscal. De esta manera, los movimientos del riesgo país reflejan cambios en las expectativas de los inversores respecto de todas esas variables. Un ejemplo reciente puede verse en cómo los anuncios de las candidaturas para las elecciones presidenciales impactaron el índice de riesgo país: suba luego del anuncio de la fórmula Fernández-Fernández y gran caída con el anuncio de la fórmula Macri-Pichetto.

Resulta necesario también entender que los inversores que mueven el riesgo país no son solamente compradores de bonos y acciones. Dentro de ese grupo se encuentran aquellos que se debaten diariamente reconvertir una chacra en el Alto Valle, iniciar nuevas perforaciones en Vaca Muerta o construir un complejo de cabañas en la cordillera.

Más allá de la excelencia de nuestros empresarios, las políticas locales y las buenas intenciones de los gobiernos provinciales, en la medida en que el gobierno nacional no logre controlar la macroeconomía y, por ende, baje el riesgo país, será muy difícil que Vaca Muerta y el sector turístico logren transformar su potencial en realidad, que la fruticultura inicie una reconversión que la haga competitiva internacionalmente, o que se realicen inversiones mineras de largo plazo. En términos económicos no hay dicotomía entre los objetivos del gobierno nacional y los gobiernos provinciales. No hay dilema, el destino del país y de nuestras economías regionales se encuentra más ligado que nunca.


*Economista (Universidad Nacional de Río Negro. Ex Subsecretario de Programación Microeconómica del Ministerio de Hacienda de la Nación).


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