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ANÁLISIS
¿De dónde saldrá la plata para el bolsillo de la gente?
MINING PRESS/ENERNEWS/Clarín
22/11/2019

OSCAR MARTÍNEZ

Oscar Martínez

A medida que transcurren los días que faltan para el 10 de diciembre, se van afinando los problemas que deberá afrontar el nuevo presidente, Alberto Fernández, y su equipo de gobierno. Y de gestión política y económica.

 

Desde la tribuna de los economistas de consulta habitual se citan algunos de ellos. El caso de la deuda es, posiblemente, el más significativo. Con un nivel de “riesgo país” que tiene pisos cada día más altos (o sea, sobretasas que superan los 25 puntos porcentuales), el problema se agudiza y los bonos argentinos ya están con precios que perforaron el nivel de “emergente” para convertirse en papeles de “frontera”.

En diciembre, o sea, en poco más de dos semanas, comienzan a vencer unos US$5.000 millones. Y en todo 2020 vence (en varios casos con posibilidad de roll over) el 14% del PBI; millón más, millón menos. Para agravar un poco el panorama, ya comenzaron a extenderse las demandas internacionales por el “cupón PBI” --un instrumento de la renegociación de la deuda de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, Guillermo Nielsen y el propio Fernández-- que es cuestionado por la intervención al INDEC, dispuesta, curiosamente, por el futuro presidente. En síntesis: más juicios de un nuevo tipo de holdouts en medio de una nueva renegociación.

Y esas gestiones incluyen al Fondo Monetario Internacional, una de las “bestias negras” de la Argentina y un acreedor al que no se puede mandar simplemente a los tribunales. Hay un punto positivo: se trata de reprogramar sin default previo. Y hay mucha deuda en pesos.

Con todo, Fernández viene cosechando pequeñas ventajas. La salida de depósitos en dólares se mantiene, pero cayó a un 25% de lo que fue en los días post-PASO. El supercepo viene mostrando eficiencia para controlar la salida de dólares de las reservas, y el temor por un aumento en las retenciones provocó una interesante liquidación de divisas por parte de los exportadores que terminan compradas por el Banco Central. Y aumentando en el margen, como pide Fernández, las reservas de libre disponibilidad. Con un milagrito adicional: la baja en la tasa de interés desde la estratósfera a la atmósfera. No sirve de mucho ahora, pero es algo.

Sin embargo, hay otros problemas no tan urgentes ni estructurales, pero mucho más efectistas en el imaginario (y la realidad) de los votantes del próximo gobierno.

El más importante es responder de dónde saldrá el dinero para “poner en el bolsillo de la gente”, como sugirió el presidente electo. Descartado el endeudamiento externo, hay que mirar otras variantes.

No parece viable algún tipo de aumento de impuestos, incluso de emergencia. En principio porque la situación actual del sistema productivo argentino está más cerca de la terapia intensiva que del fitness. Casi diez años de estancamiento y caída en el nivel de actividad, con altos niveles de inflación, generaron empresas más necesitadas de fondos que con excedentes o ganancias. Excepto para los bancos, que sufren el karma de la nominalidad que funciona como un anabólico no buscado para sus balances. Y la gente, bueno, espera pesos para el bolsillo, no que le saquen más.

Una versión, alimentada por el propio Fernández, involucró una suba en las alícuotas de Bienes Personales, aunque luego se re-explicó. También se habla de un “bono patriótico”, de gravar el capital que los argentinos tienen en el exterior y que declararon en el blanqueo. E incluso de un ¡nuevo blanqueo!

Un aumento de las retenciones podría generar fondos de manera más o menos rápida. También se puede reducir el plazo para que los exportadores liquiden sus ventas e incluso existiría una oferta de los exportadores, cuyos detalles fueron publicados por Clarín el viernes 15. Pero habría un gap temporal que conspiraría contra el impacto de un shock redistributivo simúltaneo con la asunción del binomio Fernández.

Sin contar, además, que para convertir esos potenciales dólares en moneda nacional habría que emitir pesos. Y muchos. Con la demanda de dinero por el piso, serían briquetas para la inflación.

Sin embargo, habría que ponerle fichas a la creatividad del nuevo oficialismo para lograr fondos. Ya lo hicieron con la estatización de las AFJP y el engrosamiento de los fondos de la ANSeS (Amado Boudou, titular en ese momento del organismo y de la idea, luego fue vicepresidente, remember) que fueron utilizados de manera muy generosa, y luego al utilizar las reservas del Banco Central, previo despido destemplado de Martín Redrado, entonces titular del BCRA y hoy cercano a alguna de las tribus que suman para el próximo oficialismo. No hay que olvidar que la economía es la disciplina social más política que existe. Y asumirá un equipo marcado por una fuerte vocación de poder.


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