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OPINIÓN
Guillermo Pensado: Minería vs. progresofobia en Mendoza. Puigdomenech: Miedo a conocer
MINING PRESS/ENERNEWS
03/01/2020

Industria Minera vs “Progresofobia”: El caso mendocino

GUILLERMO PENSADO*

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Con las modificaciones a la mentada Ley 7722, aprobadas con amplias mayorías en ambas cámaras de la Legislatura Provincial reaccionaron los movimientos anti-mineros que ya no escondieron su posición “anti-minera” y buscaron la prohibición lisa y llana de la industria minera metalífera en Mendoza. Y lo lograron. Ya no importaba que los legisladores que se animaron a avanzar con una modificación lo hicieron asegurando la preservación del agua con herramientas de control que carecía la ley originalmente.

Sumaron así estándares de control social, local e internacional alcanzando un nuevo y elevado nivel de control que aseguraba el desarrollo industrial minero sustentable. Y digo sustentable porque incluía la posibilidad de desarrollo social y económico de Mendoza a través de una industria con potencial geológico que podría ayudar a cambiar la caída constante desde hace 15 años de la economía mendocina. Caída que llevó a casi 50% de mendocinos por debajo de la línea de pobreza o muy cerca y 25% desocupado o sub-ocupado; poniendo así en riesgo el futuro de nuevas generaciones que no contarán con posibilidades de subsistencia mínimas y solo dependerán de la ayuda de planes sociales.


El miedo al desarrollo

Entre las enseñanzas que pienso dejarles a mis hijos quizás una de las más importantes  es combatir el miedo con educación y conocimiento (reafirmada tras leer En Defensa de la Ilustración de Steven Pinker, Editorial Paidós; utilizado como base inspiradora para este escrito y de donde tomo el término “progresofobia”).

Todos tenemos miedos, muchas veces infundados y otras, impuestos socialmente. Pero esto no es nuevo, como tampoco son nuevos los apocalípticos que tiene fobia al desarrollo o aquellos que buscan el control político, económico o religioso a través del miedo colectivo. Platón ya lo planteaba con el famoso “Mito de la Caverna” donde las propias sombras proyectadas sobre la pared eran consideradas como la auténtica y única tenebrosa realidad, hasta que alguien se “atreva a saber” de que se trata.

Este lema de atreverse al saber es proclamado siglos más tarde por Kant en la Era de la Razón que buscaba dar respuesta a los miedos de la Edad Media. Miedos que incluían la presencia de brujas malvadas que eran quemadas por la Inquisición, una tierra plana rodeada de peligros en el horizonte que les impedía navegar a occidente, cometas como presagios de mala suerte y tantos otros. El sociólogo Robert Scott habla al respecto como “la creencia en que una fuerza exterior controlaba la vida cotidiana que contribuía a una suerte de paranoia colectiva”.

Las primeras enciclopedias en tiempos prerrevolución francesa llevaron el conocimiento a la gente, algo que estaba controlado hasta entonces por la iglesia y el poder político que lo limitaba a unos pocos. Esa “luz de conocimiento” trajo no solo la abolición del modelo político y económico feudal basado en el miedo; sino que además evolucionará en la revolución industrial que llega hasta nuestros días. El desarrollo industrial es sinónimo de desarrollo social y económico equitativo que revirtió la pobreza extrema en el mundo de casi el 90% a inicios del siglo XIX al 10% en la actualidad, siendo que casi la mitad de ese declive se dio en los últimos 35 años.

Ningún país del primer mundo llego a ese nivel económico y social sin industrias, porque la agricultura sin industrias no genera equidad social ni riquezas suficientes para las sociedades modernas. Por eso, antes de plantear el reparto de las riquezas como muchos hablan, es importante entender que es primordial generar tales riquezas y terminar con la concentración económica que crece a cuesta de pueblos con sueldos de pobreza (Nota: Mendoza tiene un sueldo promedio por debajo de la media nacional).

Este cambio de paradigma fue y es obviamente resistido por aquellos que mantienen el control económico y político. Fue así como los agricultores ingleses beneficiados de subsidios de la corona (sí, ya existían subsidios entonces) rechazaban el desarrollo industrial. Como esta, hay innumerables historias de pueblos de todo el mundo donde las burguesías incentivan el rechazo al desarrollo apoyándose en diferentes estrategias, incluyendo movilizar la sensibilidad social por el ambiente de las últimas décadas y pregonando futuros apocalípticos.

De hecho, en Mendoza se rechazó la Promoción Industrial en los 90. Y pese a que muchas fuentes de trabajo se perdieron por la migración de industrias a provincias que tenían la Promoción Industrial, muchos mendocinos se opusieron a una potencial reinstauración mencionada por un candidato de presidente en 2015.

El desafío de los mendocinos

Hoy el país ve la posibilidad de contar con desarrollo industrial minero y petrolero que ayude a revertir la limitación económica del país. Estas industrias muestran alto potencial de desarrollo en Mendoza donde la economía actual solo puede cubrir las demandas de la mitad de su población, dejando afuera del sistema a la otra mitad de los mendocinos. Pero esa oportunidad fue rechazada en parte con el apoyo de científicos locales que prácticamente buscan mantener el modelo económico actual. Un modelo en retracción con una la población que aumenta, lo que resultará en que más mendocinos caerán en la pobreza.

Por eso tenemos todos los mendocinos la responsabilidad de brindar un modelo de desarrollo que incluya a todos y les dé a las nuevas generaciones un futuro mejor que la simple subsistencia o la migración a otras ciudades o países.

Muchos, principalmente aquellos que niegan el desarrollo (“progresofobia”), dirán que las industrias también trajeron problemas ambientales de impacto mundial. Y tienen razón, el desarrollo como el crecimiento nunca es fácil. Pero no por eso podemos negarlo, y sí considerarlo como un desafío para el desarrollo científico y técnico que revierta o minimice los impactos ambientales industriales. Esta nueva conciencia sustentable de desarrollo social y económico minimizando el impacto ambiental (porque todo lo que hacemos tiene impacto) tiene tan solo 30 años.

El desarrollo que solo se basa en alguno de los tres pilares del desarrollo sustentable lo hace insostenible en el tiempo. Como ejemplos, podemos decir que el desarrollo priorizando el crecimiento económico en los 90 terminó en Argentina con la mayor crisis social y económica del país. O en Mendoza, la Ley ambiental 7722 prohibiendo el desarrollo industrial minero metalífero restringió o limitó las posibilidades de desarrollo económico provincial que termino con un nivel de pobreza y desocupación inaceptable considerando nuestras potencialidades.

Por esa responsabilidad social que tenemos todos, debemos plantearnos que modelo de crecimiento queremos para Mendoza en los próximos 20 años y plantearnos donde nos encontrará a cada uno de nosotros. Sea insistiendo con el mismo modelo de provincia o que desafíos y miedos debemos romper para que tengamos un futuro mejor para dejarle a nuestros hijos. Y para ello debemos revisar tanto mis palabras como las de aquellos que pregonan el “miedo”, incluso desde centros de investigación científica (en una provincia sin experiencia industrial minera, defendiendo una agricultura altamente ineficiente en el uso y cuidado del agua, sin mencionar los pobres o desocupados y rechazando las reglas de la democracia).

Entre las cosas que digo a mis hijos y amigos es: “si alguien te incentiva, pregona o inspira al miedo debes al menos dudar de sus palabras. La historia nos enseña que el miedo fue, es y será una herramienta de control social y político” (no hablemos de los miedos pregonados desde las iglesias). Al miedo se le gana con la humildad que implica decir “no se” y “debo informarme más”, y aceptando abrirse al conocimiento y el diálogo; nunca con el oposicionismo del “No es No.

*Geólogo de la Universidad de La Plata. Master of Science en Exploración Minera de Queen’s University, Canadá.


 

OPINIÓN

El miedo a conocer

HORACIO PUIGDOMENECH*

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Los humanos pensamos más en relatos que en hechos, números o ecuaciones y cuanto más sencillo es el relato, mejor. Cada persona, grupo y nación tiene sus propias fábulas y mitos.

Incapaz de realizar una verificación, de la realidad, la mente se aferra a situaciones hipotéticas catastróficas. Al igual que una persona que imagina que un fuerte dolor de cabeza implica un tumor cerebral terminal.  

Yuval Noah Harari 21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI

Estos dos párrafos pueden perfectamente aplicarse a la discusión sobre la modificación de la ley 7722 en Mendoza. El lema “el agua vale más que el oro” es tan vacío de contenido y tan irracional que es como decir que los elefantes valen más que los jugadores de fútbol.

Existen dos maneras de ver las cosas, una es de carácter mítico insertada fuertemente en la parte de Mendoza que expresa la antiminería, con apelaciones carentes de rigor científico, afirmaciones sin sustento, posiciones de los activistas que expresan como un rezo que el cianuro y el ácido sulfúrico matan y que van a ser volcados a los cursos de agua mendocinos.

Este sector ni siquiera se toma el trabajo de investigar los aspectos técnicos del uso de esas sustancias en la minería, no se dan por enterados que existe un Código Internacional de Manejo del Cianuro (http://www.cyanidecode.org/) ni conocen las propiedades químicas de estos imaginarios y aterradores asesinos silenciosos. El Código del Cianuro se centra exclusivamente en el manejo seguro del cianuro que es producido, transportado y utilizado en la recuperación del oro, así como en los residuos del tratamiento y las soluciones de lixiviación.

Como dijo Carl Sagan “No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencia, están basadas en una enraizada necesidad de creer".

Y para fraseando a Harari, hay una espantosa incapacidad para realizar una verificación de la realidad y se cae en el delirio de titulares de medios que dicen que el agua de Mendoza ha sido salvada porque se consiguió voltear una ley que permitía derramar cianuro en los cursos de los ríos. Nada más alejado de la verdad.

La otra manera de ver las cosas se centra en la ciencia, en el conocimiento, en la racionalidad y por lo tanto necesita mayor esfuerzo intelectual, hay que estudiar, razonar y sacar conclusiones basadas en la lógica y sobre todo abrir la mente. Ahí radica la mayor parte del problema: hay desprecio el conocimiento, intereses no bien explicitados y especulaciones políticas.

Nadie en su sano juicio puede negar la importancia del agua, muchos en su juicio no tan sano pretenden hacer creer a los desinformados que el peligro es tan grande que hay que cercenar la libertad, violar la ley y desconocer que la Constitución reconoce a la minería como una actividad lícita, con un Código de Fondo y una ley específica de protección ambiental.

Pero no, como dijo Umberto Eco, “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino” a ellos se suman muchedumbres enardecidas que marchan en una especie de peregrinación más acorde con el fanatismo y las posiciones dogmáticas que con la discusión seria de un tema complejo que tiene aristas de contenido técnico y científico muy poco explicadas y menos entendidas.

Eco agrega que estos opinadores idiotas no dañaban a la comunidad desde la silla de un bar, en cambio ahora, tienen capacidad de daño acrecentada por la repercusión obtenida en medios de difusión que prefieren el impacto mediático a la verificación y a la racionalidad. Einstein decía que la estupidez humana no tiene límites.

Pensar racionalmente, investigar, leer información seria no están en la rutina mental de gran parte de la gente que participa de esa histeria generalizada y los mentores de la “resistencia” apelan al miedo ante la incertidumbre y entonces ese dolor de cabeza pasajero se transforma en el miedo a un tumor terminal.

Es necesario que las decisiones se basen en evidencias y la evidencia no es lo que se percibe en las calles ni lo que la “sabiduría popular” establece como verdades.

La mayoría de las veces predomina lo que “nos parece” o lo que nos “revelan” ciertos activistas interesados sobre aquello que puede ser verificado por procedimientos regidos por la ciencia, el resultado es que se socava al valor de la ciencia y de la tecnología y eso debilita las bases de la sociedad. Si seguimos creyendo que el dios Júpiter ocasiona las tormentas eléctricas en vez de entender que es en la dinámica de la atmosfera donde se generan estos fenómenos, estamos en problemas.

El pueblo de Mendoza ha actuado en defensa del agua de nuestros ríos es la afirmación grandilocuente que se ha esparcido por todos lados como una especie de versículo de una escritura sagrada que da testimonio de la ignorancia y del desprecio por el conocimiento. 

Los políticos que sostenían una aparente posición de apoyo se alejan de ella y en vez de actuar por convicción se dejan tentar por la conveniencia, por otro lado, están los que se denominan “pueblo” con una arrogancia digna de mejores causas condenando a Malargüe a la marginalidad económica e institucional y a mucha gente a postergar sus genuinas pretensiones de progreso despreciando su opinión favorable a una industria, valga la repetición, lícita.

La clase política que ha mostrado una actitud de escasa valentía, es la que debe proponer una discusión superadora, que permita clarificar y esclarecer si fuera posible los aspectos que ocasionan más prurito. Pero estamos ante una situación a la que ya nos ha acostumbrado nuestra dinámica social (el famoso “mal, pero acostumbrau” de Inodoro Pereyra) que es la exaltación del maniqueísmo y la generación de una nueva “grieta” con extremos difíciles de conciliar.

Esta situación de Mendoza está reflejando un problema mucho más complejo y profundo que es el desprecio por la racionalidad, por la lógica, por el pensamiento crítico y en definitiva por la ciencia y sus respuestas.

¿Existen acciones que se puedan llevar a cabo para intentar introducir un poco de racionalidad en este contexto? ¿O es como ir a difundir el catolicismo en la peregrinación a La Meca?

Entonces la pregunta que salta es ¿QUÉ HACEMOS?, creo que en el caso de Mendoza hay muy poco que se puede hacer para cambiar la situación actual. Sí hay mucho para reflexionar desde los actores de la industria, los empresarios, los proveedores, los gremios del sector y la escasamente consultada academia.

A esta altura de los acontecimientos es difícil encontrar salidas, pero hay que intentarlo, una importante proporción de la población de Mendoza necesita respuestas convincentes desprovistas de la siempre presente especulación política o de los intereses de sectores.

¿Podremos llegar a ver los tiempos en que en todo el país la minería se considere una industria más como todas las otras? ¿Que no se la considere la solución a todas las carencias económicas y sociales sino sólo como un contribuyente al progreso y al bienestar general? ¿Que no se creen falsas expectativas sobre la importancia de esta industria en la economía general y sobre todo en la generación de empleos con números a veces apartados de la realidad?

La salida es que finalmente podamos establecer un intercambio de conocimiento sin fanatismos, sin dogmas, sin mentiras, sin intereses sectoriales y poder ver, aunque sea una vez en la historia, que predomina el interés de las comunidades como Malargüe y se respeta la opinión de todos.

“Creer en todo o dudar de todo son posiciones facilistas que nos eximen de pensar” Henri Poincaré.

*Geólogo. Profesor titular Yacimientos Minerales y economía de los recursos minerales -UNSJ. Presidente Consejo Profesional de Ciencias Geológicas de San Juan.

    


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