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OPINIÓN
Escribe Ricardo Alonso: El Kayser de los trilobites
MINING PRESS/ENERNEWS

Las montañas del noroeste argentino contienen millones de fósiles de invertebrados marinos del Paleozoico inferior

17/02/2020

RICARDO ALONSO

Ricardo Alonso

Las montañas del noroeste argentino contienen millones de fósiles de invertebrados marinos del Paleozoico inferior. Los ríos de la región arrastran cantos rodados donde se encuentran restos de conchillas marinas y otros fósiles abundantes. El cerro San Bernardo, al frente de la ciudad de Salta y hoy una reserva natural, contiene en las capas arcillosas que lo componen una amplia variedad de fósiles. Son organismos marinos que se remontan entre 470 y 500 millones de años atrás, en una época en que toda la región se encontraba cubierta por el océano y formábamos parte del borde occidental del viejo continente de Gondwana.

No se sabe con certeza quién o quiénes fueron los primeros descubridores de fósiles en nuestros cerros. Especulamos que pudieron haber llamado la atención de los indígenas ya que en Pascha, donde está el sillón del Inca, hay afloramientos con unos hermosos trilobites gigantes perfectamente conservados.

Seguramente los españoles los clasificaron entre las "piedras figuradas", que luego el fraile José Torrubia les diera una explicación natural, ya que para algunos eran simplemente los restos y la prueba fehaciente del "diluvio universal", que, como hoy se sabe, ni fue diluvio y mucho menos universal.

El viajero alemán Anton Zacharias Helms habla de fósiles mientras cruzaba en 1789 por el camino de postas entre Cobos y Salta, pero en esa época la palabra todavía estaba en uso, además, para minerales. No hemos encontrado todavía registros para la primera mitad del siglo XIX.

Toda la historiografía nos indica que los primeros hallazgos de fósiles marinos paleozoicos se los debemos a dos científicos y naturalistas, especialmente botánicos, que llegaron al territorio argentino contratados por Domingo F. Sarmiento para la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba fundada en 1869. Ellos fueron Georg Hieronymus (1845-1921) y Paul Gnther Lorentz (1835-1881), quienes recorrieron las montañas del norte argentino colectando y clasificando plantas entre 1870 y 1872 y publicaron los resultados en 1874 y 1875.

Como eran naturalistas de amplio espectro, generalistas antes que especialistas, se dieron cuenta que los cerros al frente de la ciudad de Salta en la sierra de Mojotoro y los cerros a espaldas, Nevados de Castillo, tenían rocas lajosas o arcillosas que al separarlas en láminas dejaban ver en su interior restos de viejos artrópodos (trilobites) o conchillas de variados tipos (braquiópodos articulados e inarticulados, gasterópodos, bivalvos, graptolites, etcétera).

En el país no existía entonces ningún interés por estos tesoros del más remoto pasado de nuestro suelo que hoy reúnen en su investigación a decenas de especialistas del más alto nivel internacional.

Lorentz y Hieronymus, previa consulta con Carlos Germán Burmeister, a la sazón el jefe científico, decidieron remitirlos para su estudio en Alemania. Burmeister, a quien Sarmiento le había confiado la creación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, era un especialista en artrópodos fósiles, pero luego de la llegada al Plata trocó sus estudios por el de las megafaunas de mamíferos fósiles sudamericanos. Lo cierto es que los fósiles fueron enviados a Alemania y llegaron a manos de Emanuel Kayser, un geólogo y paleontólogo alemán que trabajaba entonces en el Servicio Geológico Prusiano. Este caballero llegaría a convertirse más tarde en un afamado científico.

El doctor Kayser

El Dr. Friedrich Heinrich Emanuel Kayser (1845-1927), tal su nombre completo, nació en K"nigsberg y asistió a la escuela primaria en Rusia donde su abuela era directora. Luego estudió en las universidades de Halle, Heidelberg y Berlín. Fue profesor de la Academia de Minas de Berlín y más tarde se hizo cargo de las cátedras de Geología y Paleontología de la Universidad de Marburg.

Viajó en razón de sus investigaciones geológicas y paleontológicas por Escocia, Bohemia, Bélgica, Rusia (Urales, Cáucaso, Crimea) y América del Norte. Además visitó y estudió los sistemas montañosos europeos de Harz, Renania así como los Alpes e Italia en numerosas oportunidades. Manejaba con fluidez varios idiomas incluidos el ruso y el latín. Publicó un centenar de trabajos científicos y gruesos libros de texto sobre geología general que fueron traducidos al inglés. También fue el fundador en 1846 de la revista "Paleontographica", que se edita hasta la actualidad de manera continua y es uno de los más antiguos y prestigiosos órganos de difusión de las ciencias paleontológicas.

Un clásico

Lo concreto entonces es que los fósiles salteños llegaron a Kayser en 1874 y dos años más tarde este publicaba los primeros resultados. El trabajo, en alemán, se titulaba: "Sobre fósiles primordiales y del silúrico inferior de la República Argentina" (Paleontographica, 1876, Berlín). Este artículo científico se convirtió en un clásico de la ciencia paleontológica y contiene la descripción de los primeros fósiles salteños, especialmente trilobites, braquiópodos, gasterópodos, nautiloideos y algunos graptolites. Para entonces se pensaban que esos materiales eran de edad Silúrico y hoy se sabe que pertenecen al Ordovícico en la mayoría de los casos y eventualmente al Cámbrico superior. No solo aporta la descripción taxonómica con los nuevos nombres científicos sino también los dibujos que los ilustraban.

Kayser publicó un segundo trabajo, también en alemán, titulado: “Contribución al conocimiento de algunas faunas paleozoicas de América del Sur” (Revista de la Sociedad Geológica Alemana, Volumen 49, 1897). Trata en el artículo una colección de fósiles devónicos que le enviara el Dr. Guillermo Bodenbenber desde Córdoba y de fósiles ordovícicos del norte argentino que le llegara a través del Dr. Ludwig Brackebusch y el Dr. Juan Valentín. Este último un geólogo alemán joven que llegó a nuestro país, realizó un importante estudio geológico de Salta y Jujuy, y luego marchó a la Patagonia donde se resbaló en un acantilado y cayó barranca abajo perdiendo la vida. Tenía 30 años y encontraron sus bolsillos llenos de fósiles que había recolectado horas antes. Jamás vería publicado el resultado de sus hallazgos en el norte argentino.

Kayser publicó un tercer y último trabajo sobre el tema de los fósiles argentinos bajo el título: “Contribución adicional al conocimiento de la fauna paleozoica más antigua de América del Sur” (Revista de la Sociedad Geológica Alemana, volumen 50, número 2, 1898).

El debate científico

Las discusiones técnicas pasaban entonces por la edad a la que pertenecían los estratos con fósiles. Puede decirse que las descripciones originales de Kayser constituyen sin dudas los trabajos fundacionales de la paleontología de invertebrados fósiles del norte argentino. Él dio nombres emblemáticos a algunos trilobites como Parabolina argentina y Thysanopyge argentina. También le dedicó especies fósiles a Sarmiento, Avellaneda, Hieronymus, Stelzner, Brackebusch, entre otros. Fue él quien le dio el nombre a una conchilla de braquiópodo articulado fósil muy abundante en nuestras montañas: Nanorthis saltensis, en homenaje a Salta. Además muchos fósiles fueron más tarde bautizados con su apellido (Kayseri, Kayseraspis, etc.).

A pesar de la calidad de sus trabajos recibiría la crítica de otro gran geólogo y paleontólogo alemán contemporáneo, el Dr. Fritz D. Frech (1861-1917). Este científico se formó en las universidades de Leipzig, Bonn, Berlín y luego Halle, donde recibió su doctorado en 1881. Fue profesor de geología y paleontología en Breslau desde 1897. Autor de numerosos artículos sobre la vida prehistórica, la formación del carbón y la génesis de montañas alpinas. Escribió un grueso tratado de Geología General. En “Lethae geognostica” describió fósiles paleozoicos y criticó el trabajo de Kayser. Falleció como geólogo de alto rango del comando del ejército alemán en el frente de Alepo (Siria), durante la Primera Guerra Mundial. Emanuel Kayser no estuvo nunca en Salta y solo estudió los fósiles que le llegaron a sus manos. Más allá de las revisiones y los cambios que sufrieron muchas de sus determinaciones taxonómicas todavía sobreviven incólumes algunos nombres a casi un siglo y medio de aquellos trabajos científicos pioneros. Salta tiene una deuda de honor con este científico alemán que hizo conocer nuestros fósiles en el mundo durante la segunda mitad del siglo XIX.


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