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ANÁLISIS
Escribe Alonso: El pintoresco viaje de Henry Stephens
MINING PRESS/ENERNEWS
20/07/2020

RICARDO ALONSO

Ricardo Alonso

La lectura de los libros de viajeros siempre resulta sorprendente. Ellos marcan una mirada diferente sobre las cosas, las personas o los paisajes que les toca en suerte describir.

Todo relato está permeado por la subjetividad del observador y sus circunstancias. El clima, las condiciones meteorológicas o el estado de ánimo pueden dar lugar a comentarios radicalmente opuestos sobre una misma realidad.

Lo interesante es que los viajeros nos dejan en sus relatos una coordenada espacio temporal de los lugares que visitaron.

Un observador curioso

Un viajero curioso que recorrió América del Sur entre 1914 y 1916 fue el norteamericano Henry Stephens. Si bien dejó publicados gruesos volúmenes de sus vivencias y experiencias a lo largo de miles de kilómetros recorridos por varios países, su biografía es casi desconocida.

Argentina aparece bien descripta en un volumen de 700 páginas dedicado enteramente a nuestro país y también en otro con un largo título en inglés que reza: "Viajes y experiencias en Argentina, Paraguay y Chile, que incluyen un viaje lateral a la fuente del río Paraguay en el estado de Matto Grosso, Brasil, y un viaje a través de los Andes hasta el río Tambo en Perú". Esta obra fue publicada en 1920 en Nueva York por la casa editora Knickerbocker Press y consta de 520 páginas, numerosas fotografías en blanco y negro, entre ellas una foto del autor en impecable traje, un mapa de Sudamérica con los recorridos efectuados, dibujos de diferentes plazas centrales de ciudades (entre ellas la de Salta) y un mapa a color de los ferrocarriles de Chile. Stephens fue un viajero entusiasta y proporciona muchos detalles interesantes sobre las instituciones, negocios y perspectivas de negocios, normas culturales y recursos naturales de los lugares que visitó, incluidos Montevideo, Buenos Aires, San Luis, Mendoza, Salta, Tucumán, Córdoba, Asunción, y Santiago.

El aventurero

Su amena descripción de la Salta de 1915 nos llevó a indagar sobre la vida de este personaje.

La búsqueda en viejos libros y recovecos digitales nos permiten ofrecer aquí un primer esbozo de su vida y obra.

Henry Stephens (1883-1932) era originario de Michigan donde su familia amasó una fortuna en el negocio maderero. Se graduó en Harvard en 1905 con estudios en química y administración de empresas. Un año después pasó a la Universidad de Heidelberg (Alemania) para hacer allí un doctorado. En los tiempos libres se dedicó a viajar bastante por Europa recalando varias veces en Hungría, donde en la ciudad de Zalaegerszeg conoció a Mariska, que se convirtió en su esposa. En 1912 regresó a los Estados Unidos y se mudó a Waters (Michigan), donde construyó una granja importante, fundó un equipo de béisbol y sirvió como presidente de la Feria del Condado de Otsego.

Una de las pasiones de Stephens era coleccionar etiquetas de cervezas y de aguas minerales, así como toda clase de tapas de botellas de bebidas alcohólicas. Se cuenta que en el sótano de su mansión había fabricado un gran mural con los nombres de los principales madereros de su comarca en base a miles de tapas de botellas previas a la ley seca. Además se hizo famoso por construir una cerca de botellas para rodear su poblado. Para ello le pagaba un centavo a cada niño que le trajera una botella para construir esa valla.

En 1914 realizó su primer viaje a Sudamérica, recalando la mayor parte del tiempo en Buenos Aires. Volvería en años sucesivos para ir completando su viaje por los distintos países de América del Sur.

Regresó a Sudamérica nuevamente en 1916, en 1924 estuvo en Europa y en 1928 hizo su último viaje a Cuba durante la ley seca en su país.

En su libro sobre América del Sur habla más de 100 veces de cervezas, marcas de cervezas y destilerías. A la par de coleccionista de las etiquetas era un gran bebedor de cerveza y otras bebidas alcohólicas. También estaba fascinado por las calidades y tipos de aguas minerales que encontraba a lo largo de sus recorridos. Llegó a formar un enorme álbum con más de mil etiquetas que hace algunos años salió a la venta.

Comenta que en Perú viajó a las minas del cerro de Pasco solamente para conseguir la etiqueta de una marca de cerveza que allí se fabricaba.

Stephens fue el heredero de una fortuna maderera y supo aprovechar su dinero, bebió abundante cerveza, disfrutó los placeres de una buena mesa, creó arte y viajó por el mundo como un auténtico "bon vivant".

Salta, un siglo atrás

La descripción de su viaje a Salta comienza en la ciudad de General Gemes de la cual ofrece una breve descripción que acompaña con la foto de una calle del pueblo. Luego toma el tren a Salta y comenta el paisaje que se observa en el recorrido hasta alcanzar el río Lerma (río Mojotoro).

Comenta que la vegetación aumenta y el río se encajona pasando por desfiladeros y túneles hasta alcanzar el valle.

Queda maravillado del imponente paisaje con los sembradíos, granjas, los pastizales con ganados, la cadena montañosa occidental cubierta con bosques abajo y “nieves perpetuas” en las cumbres. 
Homologa en belleza al Valle de Lerma con el Valle del Cauca en Colombia y se compadece de quienes estuvieron en Argentina y no han podido visitarlo. 


Compara las numerosas torres y agujas góticas de Salta con sus recuerdos de ciudades de Europa Central. Pone una fotografía de la catedral y el palacio obispal donde se ve la plaza con coches a caballo, otra de la calle Mitre y una de un panteón del cementerio de la Santa Cruz. Menciona que la actividad económica principal es la exportación de ganado a Chile y que la construcción de un ferrocarril trasandino traería grandes beneficios a la provincia. 

Señala que los dones con que la naturaleza dotó a Salta se contraponen con la fiebre “chucho” que transmiten los mosquitos y con las serpientes venenosas. 

Indica que la población es de 28.000 habitantes con una guarnición de 2.000 solados y que es una de las ciudades mejor construidas y más animadas de Argentina. También que las calles están asfaltadas, con sistema de tranvía eléctrico, 120 automóviles, casas modernas de dos pisos y otras casas coloniales con entradas ornamentadas de madera tallada. 

Confunde a Belgrano con Arenales en la batalla de Salta de 1813 y habla de la importancia del “Club 20 de Febrero” que recordaba esa batalla. Menciona que el Club se encuentra frente a la plaza central, que es el único edificio de tres pisos de la ciudad, que cuenta con un fino mobiliario (sillas estilo María Antonieta tapizadas en seda y candelabros de vidrio veneciano), así como revestimientos y pisos de maderas finas, en especial cedro y roble. 

Destaca que el cuarto de baño fue el más limpio que encontró en toda la república. 

Stephens se alojó en el Hotel Plaza (hoy España y Zuviría), cuyo propietario era don Ramón Terrés, y describe sus habitaciones e interior. Relata haberse encontrado con un curioso personaje en el café del hotel que era “un caballero muy viejo, alto y delgado, de apariencia decididamente noble y digna”, que le hacía confundir con “un profesor escocés jubilado o un científico alemán”. 

El camarero español le comentó que fue un hombre muy rico con su fortuna hecha en la venta de ganado a Chile y que era un jinete experto que había cruzado más de cien veces la cordillera. 

El punto es que el nonagenario anciano, siempre con un trago en la mano, además del primero en llegar y el último en retirarse, no dejaba de piropear a cuanta dama andaba por allí, en especial a las empleadas del bar y del hotel. 

Menciona luego los edificios religiosos de la ciudad, al obispo José Gregorio Romero, la devoción de los habitantes y la historia del Señor y la Virgen del Milagro. Hace una descripción del convento de San Francisco y cuenta anécdotas pintorescas. Luego habla de su relación con algunos personajes que conoció como Francisco Pereyra gerente del Banco Nación, el escribano Waldino Riarte; y el Dr. Solá, salteño graduado en la Universidad de Ohio en 1904. Todos ellos lo llenaron de atenciones durante su visita a Salta. 

Luego menciona las cervecerías que había en el edificio del Cabildo (“El Buen Chopp”, “El Mejor Chopp”) y la competencia entre ellas. Y da cuenta de un personaje que allí libaba, el POLACO Hoffmann, que quería publicar un aviso en una revista norteamericana para casarse con una rubia de aquel país. Le comentaba que cuando estuvo casado en África Oriental, antes de venir a Salta, corregía a su ex esposa ¡azotándola con un látigo de cuero de hipopótamo! 

También señala que el vino salteño es el mejor del país. Antes de seguir viaje a Tucumán se detuvo en las fuentes termales de Rosario de la Frontera y pondera su agua mineral Palau. Henry Stephens nos dejó una vívida imagen de la Salta de 1915, de la cual esta nota son solo algunas pinceladas. 


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