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OPINIÓN
Candelaresi: Presupuesto soñador, con una pesadilla superada
MINING PRESS/ENERNEWS/El Cronista
12/11/2020

CLEDIS CANDELARESI*

CLEDIS CANDELARESI

Martín Guzmán y Santiago Cafiero tendrán una tarea incómoda cuando el proyecto de ley de Presupuesto 2021 devenga en ley con la venia del Senado. Economía y Jefatura de Gabinete tendrán que decidir de dónde recortan el equivalente a más de u$s 1800 millones al tipo de cambio oficial para añadir una serie de obras energéticas que incluyó Diputados. Una prueba del esfuerzo que está dispuesto a hacer el Gobierno para apuntalar un sector estratégico, mientras ratifica la apuesta de un próximo año sin Covid y con argentinos gastando generosamente en dólares.

Ya es sabido que la "ley de leyes" es una hoja de ruta generalmente abandonada en el curso del ejercicio fiscal, en particular en un país donde la norma suele ser la incertidumbre. Pero sirve para definir prioridades de política pública y plasmar algunas expectativas oficiales básicas.

A instancias de los diputados oficialistas, los gastos de la administración nacional se incrementarán más de $ 295.000 millones en relación a lo propuesto por el Poder Ejecutivo y la mayor parte de esos recursos se destinarán a obras, prioritariamente para incrementar la capacidad de transportar y distribuir gas, incluyendo la finalización del controvertido GNEA (Gasoducto del Noreste Argentino), cuya historia es tan larga y urticante como su diseño y uso definitivos.

Casi $ 245.000 millones serán destinados el año que viene para emprendimientos que continuarán en ejercicios futuros, decisión aún más desafiante. Para ello explícitamente los parlamentarios confirieron al jefe de gabinete la atribución de reasignar partidas, recortando de algún lado.

También habrá una porción de fondos no precisada aún para subsidiar a los productores del denominado Plan Gas 4, concebido como un anabólico para la esquiva inversión privada.

Pero esos guiños a los productores de gas es una nota de color en relación un hecho institucional atípico. Los legisladores no habilitaron aumentar el nivel total de gastos, con lo que todo lo que se agregó debe recortarse de algún otro lugar. Sí hicieron su tarea al reasignar ellos mismos $ 35.036 millones. Pero dejaron el equivalente al 0,7% del PBI sujeto a la alquimia de Cafiero.

Es impolítico hablar de ajuste. O de recortes para subsidiar a las petroleras, que ganaron un round sin alarde: convencer a Alberto Fernández que es mejor producir localmente aunque sea a alto costo que importar en época de dólares escasos. Algo que suena sensato, aunque la ejecución de esta idea resulte políticamente incómoda.

Los senadores tienen bien en claro aquel mandato y tampoco ignoran que para 2021 el Ejecutivo está diseñando una norma sobre la optimista base de que la pandemia será una pesadilla superada y que los argentinos podrán retomar sus viajes de placer y negocios por el exterior. Este supuesto no se plasma sólo en la no inclusión de la asistencia social para la emergencia sanitaria, que este año explica el grueso del déficit fiscal. Esa buena perspectiva también se demuestra en la estimación de que la recaudación del Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria tendría un aumento real de 43,7%.

Ese salto por encima de la inflación es el mayor proyectado para el año que viene en cualquier tributo y le daría a la recaudación del Impuesto PAIS una envergadura similar a la que amagó tener el denominado "impuesto a la riqueza", en ambos casos rozando el 1% del PBI. El supuesto, según se consigna en el propio mensaje remitido al Congreso, es que los argentinos gastarán en dólares luego de la flexibilización de las fronteras que cerró el Covid.

Otra curiosidad de la compleja realidad local es que los impuestos estrella de este año pandémico fueron los que creó o potenció la ley de Solidaridad y Reconversión Productiva, sancionada apenas asumió Alberto Fernández, cuando acá nadie soñaba con el virus maldito: el Impuesto PAIS y Bienes Personales, cuya base y alícuotas se ampliaron.

El primero gravó con un 30% la compra de moneda extranjera o consumos realizados en ella, con el doble propósito de recaudar y castigar la voracidad de los consumidores por la divisa. Sin embargo, ese recargo no desalentó el afán de los argentinos que se volcaron al dólar ahorro y reforzaron las arcas públicas con el gravamen.

El otro puntal fiscal de este atípico año con crisis sanitaria e ingresos públicos desplomados fue Bienes Personales, que en octubre creció un extraordinario 490% real en relación al mismo mes del año pasado.

Ambos fueron diseñado o reformulados con afán recaudatorio pero inspiración redistributiva. Ningún funcionario conjeturó hace casi un año que hasta los beneficiarios de planes sociales intentaran preservar sus pesos de la inflación comprando dólares a principios de mes para venderlos a los días.

Según imagina Economía en el próximo ejercicio no habría un salto semejante de este último impuesto pero sí del PAIS, no ya por la compra de dólares para atesorar sino por la realización de gastos en moneda dura con tarjeta. Esto en el contexto de una economía que empezaría a despertar con un crecimiento del 5% (luego de un derrape del 12) y con recuperación del alicaído salario real.

Finalmente los presupuestos públicos son como los sueños, que expresan los deseos de administradores públicos. A veces tienen un link directo con la realidad. Otras terminan pareciendo fantasías oníricas.

*Periodista


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