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ANÁLISIS
El Tribuno: Minería y anti minería, según Bosque
EL TRIBUNO/MINING PRESS
23/02/2021

DANIEL BOSQUE*

Minería y anti minería manejan dos bibliotecas diferentes, y en el caso de esta última no se observa vocación para cotejar razones, sino el deseo de impugnar la radicación industrial. Flor de dilema para este país en problemas es volver sobre la cuestión minera en aquellas provincias que un día le dieron la espalda y desde hace tiempo navegan sin solución entre los Sí y los No.

En este duro debate, lo que pregona la minería no es novedad: Desarrollo e impacto económico, laboral y fiscal, bajo atractivas fórmulas de Compre y Empleo Local, además de su renovada oferta de dar todas las garantías posibles al control socio ambiental, a través de monitoreos y observatorios gubernamentales y multisectoriales.

Los argumentos resistentes de la anti minería también son archiconocidos: Si hay minas, habrá destrucción del medio ambiente, expoliación de riquezas y saqueos al país a manos de multinacionales y grandes capitales foráneos.

 

La diferencia más elocuente entre los dos polos -el desarrollismo minero y el ecologismo refractario- con los políticos, es que las antípodas pro y anti son y serán consecuentes con sus premisas. Los gobernantes y opositores chubutenses, en cambio, se han mantenido a flote surfeando las olas de dichos y desdichos, para lo cual hasta han abolido frecuentemente su propia memoria reciente.

Es muy difícil torcer las mentes y las pasiones. Porque el instinto identitario dominante en 2021 rechaza lo diferente, como sostiene el filósofo coreano Byung-Chul Han.

Minería y anti minería manejan dos bibliotecas diferentes, y en el caso de ésta última, no se observa sino el deseo de impugnar la radicación industrial. No cualquiera, la minera.

Al igual que la distribución de la renta minera. Una cuestión perfectible esta de la transparencia, siempre que haya algo de riqueza minera para partir y repartir. A menos que queramos, valga la vieja metáfora, eliminar los coches para evitar los accidentes.

Los que promueven la minería y reclaman su aval político y social, suelen invocar un par de cuestiones: El progreso técnico - científico y los contratiempos que esta industria ha tenido en el mundo la han transformado en una actividad más previsible y estandarizada.

La misma resistencia de grupos sociales le ha obligado también, sobre todo a las mineras occidentales más expuestas al escrutinio de públicos e inversores, a extremos cuidados y contralores, propios y de terceros. La prensa libre y el pulso democrático son también fundamentales para inquietar a las estructuras corporativas, obligándolas a atender ecuaciones macro económicas, políticas y sociales que exceden los básicos cálculos de la tasa de retorno de la inversión.

Por otro lado, en Perú, Ecuador, Colombia, México, Chile, Argentina, Venezuela y otros países, se ve también desde hace décadas que la prédica anti minería, obsesionada por la mega minería o minería a cielo abierto -un eufemismo para referirse a la minería metalífera de gran escala- suele no ocuparse con el mismo énfasis del gran drama latinoamericano corporizado en la llamada minería ilegal, un tejido mafioso basado en el mercurio, que ha selenizado a millones de km2 y envenenado riquísimas cuencas hídricas de trópicos y sub trópicos, con la bendición o ceguera de poderosos venales. O con la lisa y llana protección militar, como ocurre en el mayor ecocidio hoy de América, el del Arco del Orinoco venezolano. Una industria destructora y bolivariana que la izquierda prefiere ignorar. (Fragmento)

*Director Mining Press y EnerNews 


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