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ANÁLISIS
Agustín Salvia: La verdadera grieta argentina es social
CLARÍN/MINING PRESS/ENERNEWS
12/10/2021

AGUSTÍN SALVIA * 

 

El año 2020 significó un trance doloroso y complicado para muchos ciudadanos, y 2021 arrastra sus lastres, así como varias décadas de falsas promesas y reiterados fracasos. Un 40% de pobres es apenas el pico visible del glaciar, la fiebre en el termómetro.

Por debajo, se encuentra la lucha cotidiana por sobrevivir y progresar de millones de personas, con resultados por demás penosos. La inseguridad alimentaria, el hacinamiento, el desempleo, la precariedad, o peor aún, la inactividad forzada, la inseguridad, el ingreso que no alcanza ni siquiera para vivir al día, las deudas impagas, la ignorancia sin escuelas, la enfermedad sin salud, la depresión, la ansiedad, el sentimiento de fracaso, la falta de horizonte, y podríamos seguir… son algunas de las manifestaciones de una pobreza crónica y estructural de al menos un tercio de la sociedad.

Para una gran mayoría de ciudadanos los efectos socioeconómicos de la pandemia implicaron un nuevo retroceso social; aunque también es cierto que, para otros, con posiciones relativamente más afortunadas, la situación no habría sido tan mala, o, incluso, encontraron nuevas oportunidades.

Entre los primeros, son muchos los que la han pasado muy mal, a pesar de la asistencia pública, y están lejos de vislumbrar un horizonte de salida. Entre los segundos, también son muchos, por ahora, los que disponen de un punto de fuga. La verdadera grieta es social, incluso cultural; la creciente y obscena desigualdad es también un síntoma de nuestra pobreza estructural.

Pero tal como enseña la historia, todo es relativo mientras pueda ser ignorado: ¿Y si lo peor está por venir?

Es posible, pero en cualquier caso necesitaremos un ave fénix colectiva para salir del problema. Dicho dispositivo sólo lo puede generar la acción política, con mayores o menores liderazgos personales, pero con suficiente espalda y habilidad para sostener el peso y lograr un giro en la historia, y ofrecer un horizonte de sentido a los cotidianos esfuerzos de millones de argentinos.

A mí también me habló una señora del conurbano, y me preguntó: “¿Don, algún día saldremos adelante?” Asentí con un gesto, pero no sin perturbación.

En el campo académico, no hay preguntas legítimas sobre las cuales no podamos tener al menos una hipótesis: ¿es posible construir una salida efectiva a la crisis profunda que nos atraviesa?

Los desastres cometidos contra el bien común por la incapacidad moral de la clase política no se resuelven de un día para otro, y nada garantiza que los que sigan o los que vengan puedan y sepan empujar hacia la construcción de un futuro diferente.

Salir de este laberinto requerirá de mucho esfuerzo, honestidad y de un sentido que recupere el valor del sacrificio.

Es cierto, el próximo escenario dependerá de la respuesta subóptima que como sociedad le demos democráticamente a la disputa política; no sin descreimiento, dudas y fastidio. Y si bien un nuevo orden político habrá de emerger -cualquier sea él-, el mandato de la ciudadanía electoral no ofrecerá una solución a los problemas estructurales que nos empobrecen y enfrentan, pero por algún cabe empezar.

Si asumimos que conformamos un sistema abierto, desigual, alejado del equilibrio, en estado de crisis, es de esperar que no haya por delante una única salida frente a esta situación, y que la solución óptima lo sea en términos relativos, dependiendo del lugar que se ocupe en la trama social.

Sin embargo, cabe esperar que exista –podamos construir- un lugar para un nuevo equilibrio dinámico. Es ésta un área de vacancia para la acción política si lo sabe aprovechar. Pero lo que seguramente habrá de ocurrir es que, entre las finitas soluciones posibles, ninguna dependa estrictamente de la voluntad ni de las acciones de alguna de las partes.

Por lo cual, ¿por qué poner esfuerzos en ganar una elección apoyados en una agotada disputa político-ideológica, repitiendo una historia de fracasos, en vez de ofrecer y construir desde ahora acuerdos y soluciones políticas para las nuevas generaciones?

Si la clase política pudiese aprender de las teorías de la termodinámica -o, sin pedir tanto, revisar de manera crítica nuestra historia social- comprendería cabalmente que si sigue cavando el derrumbe no tiene fin, y que si incluso no hace nada, también.

Quizás aquí encuentre algún incentivo y reaccione con sentido de futuro. En su defecto, la ley de la gravedad se impondrá, y todo caerá por su propio peso, sin que haya resistencia ni piso.

Lejos está el problema de ser económico, mucho menos electoral. El sistema social está obligado para sobrevivir a una solución extraordinaria creando nuevos saberes, lazos sociales y horizontes de cambio, nuevas normas e instituciones, nuevos liderazgos, valores sociales, todo en clave a ofrecer una “salida hacia adelante…” La buena noticia que me permito dar es que, si este cambio es tan posible como necesario, y las señales así lo muestran, es un proceso que ya se está gestando.

* Sociólogo 


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*La información y las opiniones aquí publicados no reflejan necesariamente la línea editorial de Mining Press y EnerNews