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ANALISIS
Alonso: Gilberto F. Aceñolaza, vida y obra
EL TRIBUNO/MINING PRESS
10/06/2024

Ricardo N. Alonso*

 

El jueves 30 de mayo de 2024 falleció uno de los más grandes científicos argentinos. Gilberto Florencio Aceñolaza nació en Villa Urquiza, Entre Ríos, el 23 de diciembre de 1941. Geólogo y paleontólogo de profesión dedicó su vida a escrudiñar en el secreto de nuestras montañas.

Estudió con grandes maestros en Córdoba y finalmente fijó su residencia en Tucumán desde donde exploró, estudió, investigó y enseñó con pasión y dedicación. Fue uno de los grandes pilares de la ciencia argentina contemporánea.

En la década de 1990 fue convocado para hacerse cargo de la presidencia del Conicet. Ocupó la mayoría de los roles de gestión en la Universidad Nacional de Tucumán. Fue profesor titular y emérito de la cátedra de Geología Argentina. Enseñó y dirigió decenas de tesis profesionales y doctorales y sus alumnos y discípulos se cuentan por centenares. Creó instituciones que hoy brillan con luz propia como el Insugeo-Conicet de Tucumán del cual depende el Centro de Estudios Geológicos Andinos de Salta (CEGA). Recibió innumerables premios científicos y distinciones. Representó a la República Argentina en numerosos congresos científicos internacionales. Ya octogenario trabajó hasta el último día de su vida y mantenía vivos diversos proyectos académicos.

Publicó cientos de trabajos científicos, libros, capítulos de libros y también artículos de periodismo científico y de divulgación. Le apasionaba la historia de la Tierra y la evolución de la vida, pero también las historias de viajeros, vidas de sabios, el origen de las instituciones científicas y temas relacionados. Fundó un órgano de divulgación científica al que llamó “Norte Geológico” y volcó allí investigaciones originales.

Escribió para La Gaceta de Tucumán, para diarios de su Entre Ríos natal y para revistas nacionales como Todo es Historia, entre otras. Su espíritu inquieto lo llevaba a rastrear en las fuentes documentales y dar a conocer sus hallazgos históricos a la par de sus investigaciones científicas. En 2007 organizó en Tucumán el primer congreso argentino de historia de la geología.

Desde entonces se han realizado cada tres años en distintas provincias argentinas, entre ellas Buenos Aires, Salta, La Plata, Córdoba y finalmente Tucumán en 2023. En todas esas oportunidades estuvo presente, exponiendo sus interesantes trabajos científicos e históricos y aportando sus conocimientos en los debates y ponencias. Renovó la geología con sus conceptos de Pampeano y Famatiniano. Descubrió trazas fósiles que pusieron en duda la pertenencia al Precámbrico de muchas de las rocas oceánicas que conforman el núcleo de diversas montañas del norte argentino. No tuvo descanso. Dejó tras de sí una obra enciclopédica. Sus estudios en la plataforma marina argentina ayudaron a aumentar en más de un millón de kilómetros cuadrados la superficie del país.

Trabajó para demostrar que la superficie continental continúa hasta el pie del talud y no hasta su borde como estaba previamente establecido por la Doctrina Nágera. Defendió que las Islas Malvinas no son un trozo desprendido de Sudáfrica como pretendían los ingleses. Muchos de estos compromisos los asumió cuando fue electo diputado nacional. Y luego mantuvo por décadas su interés en el tema con la publicación de numerosos libros que daban muestras de su afán e interés por el mar epicontinental argentino y el territorio soberano que descansa debajo de él. Aceñolaza fue el biógrafo de Abel Peirano quien dejara como legado ricos yacimientos mineros a la Universidad Nacional de Tucumán.

En su rol de diputado en la década de 1990, Aceñolaza impulsó las leyes que transformarían radicalmente a la minería argentina dando impulso a la explotación de yacimientos diseminados de cobre y oro como Bajo de la Alumbrera en Catamarca. Por sus enormes contribuciones científicas y académicas recibió en vida los más importantes galardones y hasta el nombre de una calle tucumana. Tuve el honor de ser un cercano colaborador de Aceñolaza y juntos publicamos una veintena de artículos científicos en revistas nacionales e internacionales. Asimismo dimos a conocer en forma conjunta varios libros y capítulos de libros. Pudimos prologarnos mutuamente nuestros libros en una muestra de afecto y respeto mutuos.

Dirigimos conjuntamente tesis profesionales y doctorales y actuamos como miembros de los tribunales examinadores. Fue disertante en dos oportunidades en la cátedra de Teoría, Historia y Filosofía de la Geología en la UNSa, abordando las temáticas del origen de la vida fanerozoica y de la Plataforma Continental Argentina, respectivamente. En 2015 Aceñolaza publicó su biografía en la revista “Ciencia e Investigación” (Tomo 3,  N° 2), de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias que fundara el premio nobel argentino Dr. Bernardo Houssay.

Aceñolaza me eligió para que hiciera la reseña introductoria lo que me resultó un honor inmerecido ya que no fui su discípulo directo. En dicha ajustada semblanza expresé las palabras que reproduzco a continuación: “No hay facilismos cuando se analiza la vida y la obra de un estudioso tenaz, de un trabajador incansable, sanguíneo, de uno de los grandes maestros de la geología contemporánea. Como otros brillantes geólogos que galardonan la ciencia argentina, el Dr. Gilberto F. Aceñolaza peca también de excesiva humildad. Su reseña es apenas una síntesis menor de su amplia trayectoria.

Tiene la misma consideración cuando habla de sus viejos compañeros de facultad que cuando lo hace sobre los líderes mundiales a los que tuvo la fortuna conocer personalmente, entre otros Lech Walessa y Nelson Mandela. Si miramos a las raíces podemos decir que Aceñolaza es un producto de la fusión de dos corrientes sinérgicas positivas en la geología argentina. Una de ellas tiene que ver con su patria chica, Entre Ríos, cuna de Urquiza; y la otra con su formación en los claustros de Córdoba. Urquiza dio impulso a las ciencias de la Tierra cuando convocó a los sabios franceses para que estudiaran la Confederación Argentina. Bravard, Du Gratty y De Moussy, son algunos de los que van a seguir los pasos que marcara décadas antes Alcides D’Orbigny, a quien Aceñolaza admira por varias razones y entre otras por haber dado nombre universal a las trazas de los trilobites llamadas cruzianas (por el Mariscal Santa Cruz, de Bolivia).

La icnología de invertebrados, como rama de la paleontología, ha sido uno de los campos señeros en la trayectoria de nuestro reseñado. Al punto que revolucionó la historia geológica del basamento del noroeste argentino cuando dio a conocer una abundantísima icnofauna que ponía dudas sobre su pertenencia al Precámbrico. A partir de los setenta nombres como Oldhamia y Nereites se harían icónicos en la literatura paleontológica nacional.

Reconocemos en Aceñolaza también la huella de otro gran entrerriano: Juan José Nágera, junto a Franco Pastore los dos primeros geólogos argentinos. Su trabajo geológico en la definición del Límite Argentino en el Atlántico, llevado a cabo como diputado nacional a cargo de las relaciones exteriores, es una visión y una misión “Nageriana” que él continuó. También abrevó en el pensamiento heredado de los claustros cordobeses, donde a partir del siglo XIX se hizo sentir muy fuerte la influencia de los sabios alemanes contratados por Sarmiento para enseñar e investigar. Burmeister fue quién los convocó.

Y hete aquí que Burmeister, nos cuenta Aceñolaza en algún viejo artículo, era un sabio experto en trilobites antes de llegar a las tierras del Plata e interesarse por mamíferos cenozoicos. Y Lorentz con su colega Hyeronimus, fueron los primeros que colectaron trilobites y braquiópodos ordovícicos en las montañas salteñas y los llevaron en parte a Córdoba y en parte a Alemania.

Lo mismo haría más tarde Ludwig Brackebusch, quien descubrió en el cerro San Bernardo de Salta el primer graptolite del país. Y precisamente sería en dicho cerro donde casi un siglo después Aceñolaza descubriría un nuevo trilobite para la ciencia: Sanbernardaspis pygacantha. Armando Leanza, un gran estudioso de trilobites sería a la vez el director de la tesis doctoral de Aceñolaza, precisamente sobre faunas de invertebrados del límite Cambro-Ordovícico.

El análisis de su magnífica tarea docente, de su larga carrera científica, de sus aportes a la política, la creación de institutos y revistas científicas, cargos, títulos y premios, escapan a estas breves líneas y es el propio interesado quién las expone aquí en primera persona. Es un verdadero honor personal haber sido convocado para realizar esta breve semblanza”.

Consternados por su fallecimiento hubo hondas expresiones de pésame por parte del Conicet, la Universidad Nacional de Tucumán, la Asociación Geológica Argentina, la Asociación Paleontológica Argentina, el diario La Gaceta, las academias nacionales de ciencias y otras instituciones de las cuales fue miembro destacado. Aceñolaza fue un sabio en el sentido decimonónico. Su nombre se incorpora definitivamente a la galería de los grandes maestros de la geología y paleontología argentinas y de los sabios que honraron al país con su ciencia. A hombros de gigantes y sobre el pedestal de su magnífica obra académica, descansa en paz.

*Doctor en Ciencias Geológicas


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