Un reciente informe de GEM Mining Consulting analizó el avance de materiales alternativos al cobre y concluyó que, pese a la acelerada electrificación mundial, la sustitución del metal rojo será mínima en las próximas dos décadas. El reporte, titulado “Perspectiva N°4: Sustitutos del cobre en la era de la transición energética”, sostiene que ninguno de los materiales emergentes —incluyendo grafeno, aluminio conductor, nanotubos de carbono o superconductores— tiene la capacidad de desplazar al cobre en las aplicaciones industriales que concentran la mayor parte de su consumo global.
Una brecha de oferta que profundiza la relevancia del cobre
La demanda mundial de cobre refinado podría ubicarse entre 31 y 35 millones de toneladas en 2035, impulsada por la expansión de redes eléctricas, energías renovables, movilidad eléctrica y procesos de electrificación industrial. Frente a esto, la oferta proyectada sin considerar nuevos proyectos oscilaría entre 25,5 y 26,1 millones de toneladas, lo que deja un déficit potencial de hasta 8,9 millones de toneladas.
“El desafío no está en reemplazar al cobre, sino en aumentar su producción para evitar un mercado estructuralmente deficitario”, advierte el informe.
Grafeno: alto potencial, baja adopción
Aunque el grafeno ha sido catalogado como un material “revolucionario” por su elevada conductividad térmica —hasta diez veces superior a la del cobre— y su resistencia mecánica, su despliegue industrial es ínfimo. GEM estima que su impacto en la demanda global de cobre refinado será menor al 0,5% al 2035, debido a su alto costo, baja disponibilidad y largos ciclos de validación para uso industrial.
“El grafeno seguirá confinado a nichos específicos en electrónica avanzada y materiales compuestos”, señaló Patricio Faúndez, líder de Economía en GEM.
Aluminio: útil en transmisión, pero sin alcance masivo
El aluminio ya se utiliza como reemplazo en líneas aéreas de transmisión, pero no puede competir con el cobre en motores eléctricos, transformadores, cableado compacto ni electrónica, donde se requieren mayores niveles de conductividad, confiabilidad y vida útil. Su impacto, según el estudio, seguirá siendo acotado y sin capacidad de modificar la estructura global de consumo.
Nuevas tecnologías: avances promisorios, adopción lenta
La investigación también revisó materiales emergentes, entre ellos: nanotubos de carbono; compuestos polímero-metal; interconexiones basadas en rutenio o cobalto; superconductores de alta temperatura
Si bien varios de estos desarrollos muestran progresos en laboratorio y fases piloto, su maduración comercial es lenta y su participación en aplicaciones masivas resultará marginal al menos durante las próximas dos décadas.
Incluso contemplando un escenario optimista de rápida adopción tecnológica, GEM proyecta que la sustitución total del cobre no superaría entre el 2% y el 5% de la demanda global hacia 2035. Estos resultados coinciden con proyecciones internacionales que ubican al cobre como uno de los metales críticos de mayor resiliencia frente a sustitutos.
De acuerdo con el análisis, la mayor parte del consumo de cobre global se concentra en aplicaciones donde no existen alternativas viables a mediano plazo: redes eléctricas, renovables, vehículos eléctricos, motores industriales y equipamiento de infraestructura.
“Las alternativas existen, pero operan en los márgenes. No representan una amenaza para el rol del cobre como metal crítico de la transición energética”, explicó María Jesús Ovalle, ingeniera de proyecto en GEM.
El informe se presenta como una actualización exhaustiva del panorama de sustitución del cobre, con foco en identificar los materiales alternativos, su grado de desarrollo y su potencial real de penetración en el mercado global.