La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) publicó su actualización anual del consumo energético en la minería del cobre correspondiente a 2024, revelando un panorama marcado por un creciente requerimiento de energía, importantes transformaciones operativas y un avance sostenido en el uso de energías renovables dentro del sector productivo más relevante del país.
El estudio, basado en la Encuesta Minera de Producción, Agua y Energía (EMPAE), abarcó 49 operaciones de gran y mediana minería —incluidas minas, fundiciones y refinerías— que representan el 98% de la producción nacional de cobre fino.
Consumo total de energía: aumento sostenido pese a producción estable
En 2024, el consumo total de energía de la minería del cobre alcanzó 199.452 terajoules (TJ), un incremento anual del 4,1% y un aumento acumulado del 53,9% desde 2010.
Aunque la producción de cobre se ha mantenido relativamente estable (5,5 millones de toneladas, +0,2% promedio anual desde 2010), la brecha con el consumo energético sigue ampliándose. Esto refleja cambios estructurales profundos, como: envejecimiento de yacimientos; caída de las leyes del mineral; mayor profundidad de explotación; uso intensivo de agua de mar y desalación.
El consumo de energía se divide en 51,3% electricidad y 48,7% combustibles, manteniéndose un equilibrio similar al de años previos.
Mina rajo y concentradora: los procesos de mayor demanda
Tres procesos concentran el 81% de la energía consumida: Mina rajo: 83.508 TJ (42% del total); Concentradora: 58.636 TJ (29%); Lixiviación (SX-EW): 19.614 TJ (10%).
En mina rajo, el consumo de combustibles domina ampliamente (78.932 TJ), asociado a transporte y movimiento masivo de material, mientras que en la concentradora predomina el uso eléctrico (56.970 TJ), especialmente en chancado y molienda.
La utilización de agua de mar, tanto en impulsión como en desalación, se consolidó como el cuarto proceso de mayor consumo eléctrico, con 11.308 TJ (+20% anual).
Regiones: Antofagasta concentra más de la mitad del consumo
La Región de Antofagasta continúa siendo el epicentro energético de la minería del cobre: 116.105 TJ consumidos, equivalente al 58% del total nacional. Aporta el 56,9% de la producción chilena. Lidera en uso eléctrico para agua de mar debido a la escasez de recursos hídricos continentales.
Atacama se posiciona segunda (11%), mientras que Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins y la Metropolitana mantienen consumos estables.
Según el informe la gran minería privada explica el 72% del consumo energético, Codelco el 25% y la mediana minería un 3%. Las plantas de ENAMI mostraron una caída significativa en su consumo respecto de años anteriores.
En 2024, producir una tonelada de cobre requirió en promedio 36,2 GJ, lo que significa un aumento del 51,5% desde 2010.
Entre las razones principales destacan: Ley de mineral cayó de 0,75% a 0,62% en 14 años. Mayor dureza de roca y profundización de rajos. Incremento del uso de agua de mar.
El consumo unitario de combustibles en mina rajo casi se duplicó (+98,6%), mientras que el eléctrico en concentradora creció 46%.
Combustibles: el diésel domina la matriz
El consumo total de combustibles en 2024 alcanzó 97.145 TJ. La matriz se compone de: 92% diésel, 5,5% gas natural, 1,6% ENAP ,0,8% otros. La caída del ENAPresponde a regulaciones ambientales más estrictas y su reemplazo por gas natural.
El consumo eléctrico ascendió a 102.307 TJ (+5,7% anual). Principales procesos consumidores: Concentradora (56% del total). SX-EW. Impulsión y desalación de agua de mar, con un crecimiento acumulado del 330% desde 2015.
El dato consolida la transición energética del sector, que ha logrado una fuerte reducción de su dependencia de combustibles fósiles para procesos eléctricos.
Además: El 94% de las operaciones califican como “Consumidor con capacidad de gestión de energía” bajo la Ley de Eficiencia Energética; El 76% cuenta con planes activos de electromovilidad, especialmente en flotas de transporte de personal.
Tendencias y desafíos: más energía para un mineral más complejo
El informe de Cochilco confirma una tendencia estructural: la minería del cobre en Chile deberá enfrentar mayores exigencias energéticas en el futuro cercano. Entre los principales desafíos se encuentran:
+profundización de los rajos y transición paulatina hacia explotación subterránea,
+creciente dependencia de electricidad para mover y desalar agua,
+optimización energética en procesos de concentración,
+modernización ambiental de fundiciones y refinerías,
+incorporación de flotas eléctricas de mayor escala.
Cochilco advierte que estos factores exigen una planificación energética integral, así como políticas públicas que aseguren disponibilidad de infraestructura eléctrica, acceso al borde costero y gestión territorial coordinada para nuevas plantas desaladoras.