Según un reciente informe de Rystad Energy, la inversión mundial en energía geotérmica está entrando en una etapa de fuerte expansión: el gasto de capital (capex) crecería alrededor de un 20 % por año hasta 2030.
Este impulso responde a un interés creciente por aprovechar el calor del subsuelo terrestre —no sólo para generación eléctrica, sino también para calefacción—, y a una diversificación geográfica del sector, que ya no se limita a sus hubs tradicionales en el Sudeste Asiático y Estados Unidos.
Según el análisis, la distribución del gasto se mantiene bastante estable a lo largo del crecimiento global: un poco más de la mitad va a instalaciones de superficie —plantas, infraestructura de vapor—, alrededor del 47 % al trabajo en subsuelo (perforaciones, pozos) y un 2 % a estudios preliminares y decisiones finales de inversión (pre-FID).
Ese equilibrio de costos, similar en distintas regiones, permite mantener consistencia en los plazos de desarrollo y en las necesidades de financiamiento, aun cuando la actividad se expanda.
Las prioridades regionales varían según las necesidades locales:
En Ásia (especialmente Indonesia) y Norteamérica, la geotermia se usa principalmente para generar electricidad, aprovechando sus recursos geológicos y la demanda de energía base (baseload power).
En Europa, en cambio, el foco está en calefacción urbana y térmica: los proyectos geotérmicos apuntan más a sistemas de calefacción colectiva (district heating), en línea con sus metas de descarbonización.
Además, tecnologías emergentes como los Enhanced Geothermal Systems (EGS) amplían el potencial: requieren solo “roca caliente” en lugar de acuíferos, lo que reduce la dependencia de condiciones geológicas específicas y facilita una expansión más flexible.
Esto convierte a la geotermia en una fuente versátil: capaz tanto de generar electricidad estable como de aportar calor (para viviendas, industrias o incluso refrigeración en ciertos casos).
Desafíos: costos, riesgos exploratorios y dependencia geológica
El informe de Rystad también subraya que, aunque la geotermia gana terreno, persisten desafíos significativos:
El gasto en perforaciones/subsuelo representa casi la mitad de la inversión total: eso implica riesgos altos, ya que los primeros estudios determinan si un proyecto puede avanzar o debe abortarse.
Los costos varían según el tipo de proyecto: por ejemplo, los sistemas de calefacción (district heating) requieren aproximadamente la mitad de inversión por vatio generado que las plantas eléctricas geotérmicas, porque evitan turbinas y otras infraestructuras complejas.
En muchos territorios —especialmente en regiones con poco desarrollo geotérmico previo— puede ser difícil identificar sitios adecuados, acceder a redes eléctricas, o justificar económicamente la inversión si no hay políticas de apoyo o demanda clara de calor o electricidad.
Qué significa este crecimiento para la transición energética global
Este auge proyectado en inversión y desarrollo geotérmico tiene varias implicancias relevantes para el cambio hacia energías limpias:
Permite diversificar las fuentes de energía renovable: la geotermia puede complementar a la solar y eólica, ofreciendo energía base constante, sin depender del clima.
Contribuye a la descarbonización: especialmente en zonas urbanas de Europa, donde reemplazar calefacción a gas o combustibles fósiles por calor geotérmico puede reducir emisiones.
Representa una alternativa estratégica para países con recursos geológicos: incluso en Latinoamérica, donde según Rystad hay potencial sin explotar.
Fomenta innovación: tecnologías como EGS y mejoras en eficiencia de pozos pueden reducir costos y desbloquear nuevos mercados, incluida la calefacción industrial, el uso en data-centers (como enfriamiento), y más.