La minera francesa validó en Argentina su tecnología propia de extracción directa de litio con costos competitivos y una recuperación superior al 95%, convirtiendo a la planta de 24.000 t/año en el nuevo parámetro de la industria global
La industria del litio lleva más de una década debatiendo si la extracción directa de litio —conocida por sus siglas en inglés, DLE— podría escalar de los laboratorios a la producción comercial. Eramet dejó de debatirlo: construyó la planta.
Jean-Baptiste Hogard, vicepresidente sénior de Eramet Lithium, y Fabien Burdet, director de procesos, presentaron en Fastmarkets Vegas los resultados de Centenario, la primera planta de carbonato de litio de la compañía en Argentina, con una capacidad de 24.000 toneladas anuales. El mensaje fue contundente y sin eufemismos: llevar el DLE a escala industrial no es una solución lista para enchufar. Es el resultado de quince años de trabajo acumulado en geología, ingeniería de procesos, ensayos, construcción y operación a más de 4.000 metros de altura en la Puna argentina.
Los números que validan el modelo
Centenario opera hoy con un costo en efectivo de entre 5.400 y 5.800 dólares por tonelada de carbonato de litio equivalente (LCE), una cifra que posiciona al proyecto dentro de los parámetros competitivos del mercado global. El dato más llamativo, sin embargo, es el rendimiento de recuperación de litio en la etapa de DLE: superior al 95%, una marca sin precedentes en proyectos de salmuera que operan a escala.
La tecnología utilizada es de desarrollo propio y de origen occidental, un atributo que cobra relevancia en un contexto geopolítico donde la trazabilidad y la soberanía tecnológica de la cadena crítica de minerales está bajo escrutinio creciente de los mercados compradores de Europa, América del Norte y Japón.
Detrás de la puesta en marcha
El proyecto movilizó a más de 3.000 contratistas durante la fase de construcción y cuenta actualmente con un equipo de más de 500 personas gestionando y apoyando las operaciones en la Puna. El centro de investigación y desarrollo en Trappes, Francia, fue el laboratorio donde se incubó la tecnología durante años antes de que llegara a la montaña.
Hogard y Burdet fueron explícitos sobre la naturaleza de los desafíos: la altitud, el aislamiento, las condiciones climáticas extremas y la complejidad geológica del salar no son variables menores. Resolverlos en simultáneo, mientras se ponía en marcha una tecnología nueva a escala industrial, implicó una curva de aprendizaje que la empresa asume como un activo competitivo difícil de replicar.
El DLE como plataforma, no como producto terminado
Más allá de los resultados de Centenario, los ejecutivos presentaron la hoja de ruta de aceleración de la compañía: nuevos proyectos más rápidos, más baratos y con menor perfil de riesgo, tanto sobre activos propios de Eramet como en asociación con activos de nivel 1 de terceros.
La próxima generación de innovación ya está en desarrollo. Entre las líneas prioritarias figuran la reinyección de salmuera al salar —una mejora de impacto ambiental significativo— y el desarrollo de sorbentes de nueva generación con mayor eficiencia de captura.
La empresa proyecta así una trayectoria hacia la sostenibilidad de referencia en la industria: menores consumos de agua, menor huella de carbono y mayor tasa de recuperación del recurso respecto de los métodos evaporitícos convencionales.
Un nuevo parámetro para la industria
El caso Centenario tiene implicancias que van más allá de Eramet. Durante años, el DLE fue la promesa que siempre estaba a punto de cumplirse. La presentación en Fastmarkets Vegas clausura ese debate con datos operativos reales: costos validados, rendimientos medibles y una planta en producción.
Para el sector lithium brine global —que incluye proyectos en el Triángulo del Litio sudamericano, en Nevada y en el Tíbet— Centenario pasa a ser el benchmark contra el que deberán medirse los próximos desarrollos de DLE. La aceleración, como dijo Hogard, comienza ahora.