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INFORME
Fundar: El potencial exportador de Vaca Muerta
ENERNEWS
21/04/2022
Documentos especiales Mining Press y Enernews
FUNDAR: LA EVOLUCIÓN DEL SECTOR DE HIDROCARBUROS

El 50% de los recursos de Vaca Muerta permitiría un volumen de exportaciones incremental superior a los US$ 33.000 millones anuales durante el próximo medio siglo, según un informe sobre el sector de hidrocarburos realizado por Nicolás Arceo, Lara Bersten y Andrés Wainer para la Fundación Fundar.

Con los recursos de Vaca Muerta, Argentina es la segunda reserva en gas natural no convencional a nivel mundial y ocupa el cuarto lugar en petróleo. En el caso del shale gas, la formación neuquina tiene recursos recuperables que equivalen a dos siglos de consumo interno, según los especialistas del sector. En tanto, se estiman recursos por unos 16.000 millones de barriles de petróleo que permiten un siglo de abastecimiento interno.

Los evidentes efectos del calentamiento global y la necesidad de adoptar medidas que contribuyan a su mitigación han puesto en la mira las formas de producción de energía, con especial foco en el papel de los combustibles fósiles.

Se trata de una problemática sumamente relevante que debe ser abordada desde una perspectiva integral, contemplando las condiciones y posibilidades reales de cada economía nacional.

Los procesos de transición energética implican profundas transformaciones sobre los entramados económicos, productivos y sociales, por lo que la búsqueda de soluciones a través de cambios estructurales sobre las matrices energéticas conlleva un alto nivel de complejidad.

En los acuerdos climáticos a nivel global, se ha convenido en torno a la responsabilidad diferenciada de los países desarrollados con respecto a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Sin embargo, la creciente participación de países de ingresos medios y en vías de desarrollo en la economía mundial ha generado una creciente incidencia de estos en la contaminación ambiental. En América Latina, al igual que en otras regiones de la periferia, aún persisten deficiencias en términos de abastecimiento de energía y prevalecen niveles de consumo per cápita sensiblemente más bajos que los verificados en países desarrollados. A su vez, el desarrollo de los recursos energéticos ha tenido, por lo general, un impulso inferior al registrado en las economías centrales.

Estas trayectorias diferenciadas en términos de desarrollo, y las particularidades de cada sistema energético, dificultan el alcance de consensos a nivel global que permitan una reducción progresiva y sistemática de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Dichas emisiones han mantenido una tendencia incremental, aunque la pandemia de COVID-19 mitigó transitoriamente esta alza.

Las estimaciones para 2020 evalúan que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera verificó un aumento del 149% respecto a los niveles preindustriales, mientras que, en los casos del metano y del óxido nitroso, se presentaron incrementos del 262% y el 132% respectivamente.

Ante este escenario, la implementación de medidas de mitigación y reducción de emisiones en el corto y mediano plazo se impone como el principal medio para limitar el calentamiento global. Las emisiones de dióxido de carbono a nivel global se han incrementado especialmente a partir de 1950, y se estima que en 2018 superaron los 48.000 MMtCO2eq.

Sin embargo, la participación de los distintos países y regiones ha sido heterogénea, de forma que evidencia brechas sustanciales. Desde la etapa preindustrial, Europa ha liderado el nivel de emisiones a nivel mundial, aunque su participación ha ido decreciendo.

Ello se debió, en parte, a una reducción en las emisiones realizadas por el continente europeo pero, sobre todo, a la mayor incidencia de otros países como Estados Unidos, China, India y la región de Asia-Pacífico.

Al considerar el stock acumulado de emisiones, tomando como punto de partida el año 1850, queda de manifiesto la responsabilidad diferenciada, en donde las regiones con mayor desarrollo explican la inmensa mayoría del stock de gases de efecto invernadero prevalecientes en la atmósfera.

En efecto, Europa explica el 30% (casi 736 gigatoneladas) de las emisiones globales acumuladas a 2018, seguida por la región de Asia-Pacífico (29%) y por la de América del Norte (27%).

Es decir, el 85% de las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero desde mediados del siglo XIX corresponden a áreas que verificaron un elevado desarrollo económico. Al mismo tiempo, regiones como América del Sur dan cuenta de solo el 4% del total acumulado de emisiones.

Por otro lado, más allá de la trayectoria en la generación de GEI, se verifica una asociación entre el PBI per cápita y el nivel de emisión de CO2 per cápita. Los países desarrollados presentan un nivel de emisiones por habitante sustancialmente más elevado que los países en vías de desarrollo.

No obstante, existen diferencias significativas en función de la composición de la matriz energética primaria de cada país y, en particular, según el nivel de penetración del carbón en esta.

 


La potencialidad de la producción hidrocarburífera permitiría consolidar una nueva plataforma de exportación similar a dos complejos sojeros.

La magnitud y las características de los recursos no convencionales hacen que, por primera vez en su historia, la Argentina tenga la posibilidad de expandir sensiblemente su producción y, así, alcanzar un volumen significativo de exportaciones, tanto de petróleo como de gas natural, sin que esto interfiera con el abastecimiento futuro del mercado local.

Para hacer el cálculo se consideró un valor internacional del petróleo Brent a US$ 70 por barril y un valor del gas natural para exportación de US$ 7 por millón de BTU, la unidad de medida del sector.

Por lo tanto, el volumen de recursos disponibles en Vaca Muerta quiebra la tradicional dicotomía entre abastecimiento del mercado local y externo que caracterizó al sector hidrocarburífero argentino desde su constitución en las primeras décadas del siglo pasado.


Sin embargo, los investigadores advierten que por el proceso de transición energética que se inició a nivel internacional es fundamental “brindar las condiciones regulatorias necesarias” para posibilitar un salto sustantivo en los niveles de inversión que permita aprovechar los recursos antes de que la participación de los combustibles fósiles en la matriz energética internacional pierda relevancia.

A nivel global, el desplazamiento del carbón, un combustible altamente contaminante, generará una mayor demanda de gas natural, un combustible un 40% menos contaminante que será utilizado como combustible de transición.

Se requiere de un conjunto de políticas públicas que permitan aprovechar la ventana de oportunidad histórica que suponen los recursos no convencionales. Ello implicaría una contribución fundamental tanto para la superación de la restricción externa que enfrentó la economía argentina en las últimas décadas, así como para el financiamiento del proceso de transición energética que, necesariamente, deberá llevar adelante nuestro país en lo que resta del siglo.

El informe señala que el desarrollo masivo de la producción no convencional en la Argentina requiere del liderazgo de una empresa con participación estatal como YPF pero por el volumen de los recursos requeridos también se necesita incrementar sustantivamente la inversión privada.

La conformación de un nuevo marco regulatorio que establezca mecanismos taxativos en la determinación de los precios de los combustibles en el mercado local, así como las condiciones que regularán la exportación de los excedentes, resultarán determinantes para la dinamización de los niveles de inversión.


A diferencia de lo que acontece en la producción agropecuaria, la Argentina no se encuentra entre los productores más eficientes a escala internacional. Esto supone una restricción para alcanzar un desacople sensible en los precios domésticos de la energía sin que esto implique una reducción en los niveles de inversión en el sector.

El país compite con otras cuencas productivas a nivel mundial a fin de atraer inversiones que dinamicen su producción. Dada su relativamente reducida competitividad internacional, se hace necesario mantener un nivel de precios locales relativamente alineado con los vigentes en el mercado internacional, al menos, en el corto y mediano plazo.

 


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*La información y las opiniones aquí publicados no reflejan necesariamente la línea editorial de Mining Press y EnerNews