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CELEBRACIÓN
Escribe Daniel Bosque: Soy periodista, nadie es perfecto
07/06/2019
ENERNEWS / MINING PRESS

DANIEL BOSQUE*

“No necesito silencio / Yo no tengo en que pensar / Tenía pero hace tiempo / Ahora ya no pienso más” (Atahualpa Yupanqui)

“¿Le gustan? Son suyas, se las mando a su casa”. Me dice socarrón el dueño de un gran holding de medios de Sudamérica, frente a cuatro rotativas que duermen una larga siesta de lunes a viernes. Apenas, revivirán el fin de semana para editar suplementos color que miles de suscriptores de la tarjeta shopping del matutino despreciarán en sus casas porque ya adoptaron la tablet o el celu para enterarse de lo que pasa.

Agoniza la prensa de papel, impensado salvo por futurólogos hace una década, y desaparecen velozmente decenas de oficios y miles de empleos en el planeta. No sólo periodistas. En algunos países parece otra era glaciar. Y paralelamente, en todos lados, el negocio de informar es atenazado por el recorte, evidente o solapado de las libertades democráticas. Como en Fahrenheit 451, la novela de los años 50 en la que eran quemados los libros y sus lectores.

El porvenir, la generación Z tan mirada, está creciendo sin el faro de la mass media. Los picos de audiencia y lectura sólo acontecen por catástrofes o noticias de impacto. Todavía.  Los medios sobrevivientes han tirado por la borda a miles de informadores que aún se sentían en edad de merecer. Desde su debilidad contra Google, Facebook y Amazon, la industria de la noticia diaria intenta un reparto compulsivo de la renta declinante.  Me pagas y me lees, le dice al lector. Usas lo mío pero me pagas, le reclama a las plataformas que han derrumbado el negocio.

Prendé la tele o bajate el streaming ¿Para quién sonríen Xi y Putin, líderes de donde no hay ni internet libre ni democracia. O Bolsonaro y Macri, de donde no hay tranquilidad ni cuentas que cierran? Donald Trump, el gran provocador, dice que los periodistas son los peores sujetos de la Humanidad. Hay “operaciones multi mediáticas paralelas”, advierte nuestro Papa Francisco, flamante adherente a la denuncia del lawfare, la difundida teoría sobre una persecución caprichosa de políticos que no serían corruptos, contra cualquier evidencia.

Allá lejos, en los 80, pre internet, creció en el mundo la red Periodistas Sin Fronteras, que denunciaba cárceles, torturas y asesinatos en países remotos. Desde entonces, miles de informadores han sido exterminados o silenciados por políticos, narcos y mafias. Una solución lapidaria de ejecutar aquel “Por qué no te callas”, el apotegma de Juan Carlos I a Chávez, antes de que el primero abdicara en su torbellino real y de que el fin del sudamericano le abriera las puertas a su satánico sucesor.

Nadie está a salvo en el pulso intenso entre el poder y la prensa.  Escuchada por los espías, tentada por gobiernos y  peces gordos, ninguneada por los incómodos de turno. Ni siquiera en Australia, hoy dice el periódico, ese paraíso soñado, donde el gobierno la acusa de traicionar a la nación.

Ser periodista sigue siendo singular. Aún cuando entre tanta network  generar información y analizarla parezca un ejercicio circular y sencillo. En la Argentina los periodistas tienen un día en que sponsors y lectores saludan esta adicción a la novedad. El gran páramo original que luego viró a nación es la historia de su prensa. No sólo por Sarmiento y Mitre. Masones o no, buena parte de las calles de Buenos Aires recuerdan a gentes que escribían en tinta olorosa sus sueños y delirios de la pampa con puerto con vocación de imperio.

Todo mucho antes de este enjambre que procura a los codazos públicos en la web, con más visual que contenidos, para desesperación del lenguaje y la cultura. "Vos que sabés ¿esto es una fake news?" me preguntan varios amigos a la vez. Como en 1984 de George Orwell les ha llegado una increíble historia, tan bien hilvanada que parece veraz. "No tengo idea, voy a chequear", le digo. Y mis pulgares se hunden en el android, likeando y deleteando millones de bites/día que estrujan el cerebro.

En el bar, los porteños gritan como siempre, jamás van a cambiar. Desde un televisor, un candidato le dice a los movileros: "son todas mentiras de la prensa". Esto me suena, ya lo escuché en alguna parte. Feliz Día del Periodista.

* Director de Mining Press y EnerNews


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