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ANÁLISIS
Carlos Galván: Menem, el político que marcó los 90
CLARÍN/MINING PRESS/ENERNEWS

Repaso de una década que provocó fuertes transformaciones en el país y también amplió la brecha social

17/02/2021

CARLOS GALVÁN 

Carlos Galván

Argentina se caía en pedazos. Era junio de 1989. Carlos Saúl Menem había ganado las elecciones presidenciales un mes antes y aún faltaban seis más para que asumiera. Raúl Alfonsín ​convoca a su mesa chica, les anuncia que va a renunciar y envía como emisario a La Rioja, para negociar la transición, a su ministro Rodolfo Terragno​.

–Es una cabronada. ¿Cómo qué se va a ir antes? No estoy preparado –lo recibió el riojano.

–Pero si venías diciendo que tenías el equipo y el proyecto –le contestó perplejo Terragno.

–Y qué querías que dijera.

Fue un presidente poderoso como pocos en la historia argentina y aún detenta un récord que asoma imbatible: el de jefe de Estado elegido democráticamente que más tiempo seguido ocupó el Sillón de Rivadavia. Se sentó ahí durante 10 años, 5 meses y 2 días.

Y quiso más. En 1999 buscó, sin éxito, un resquicio para seguir en el poder -la "re-re"- por otros cuatro años. Uno de los que frenó su ambición fue Eduardo Duhalde​, que había sido su primer vicepresidente y ese año intentó sucederlo.

–El poder enferma. Es una enfermedad profesional. Él fue atrapado por el poder y se quería quedar –recuerda a Clarín Duhalde.

Tras las tensiones de aquellos años, ahora están amigados: "Lo quiero mucho. Estos días estuve hablando con Zulema (la hija de Menem) para ver cómo estaba Carlos"

La apariencia con la que hizo campaña y fue electo presidente en 1989 asoma a los ojos de hoy exagerada, bizarra. De estatura baja -1,65 metro-, usaba el pelo largo y unas patillas espesas que le llegaban casi hasta la mandíbula. Parecía el caudillo Facundo Quiroga, también riojano.

Era la viva imagen de un personaje salido del siglo XIX. Sin embargo, fue el presidente que hizo entrar al país en una etapa moderna, en un intento fallido de que la Argentina se acercara a los estándares de los países centrales.

"Los 90 fueron una de las pocas veces en que la Argentina se acopló al clima internacional. Dado que terminaba la guerra fría, triunfaba el capitalismo y el país daba cuenta de los problemas del estatismo y las regulaciones. El esfuerzo modernizador fue potente, pero hubo una sobreestimación de las posibilidades de subirse en poco tiempo al carro de los países desarrollados, sin plantearse todas las reformas necesarias. Cuando se agotó la fase de expansión que permitió la convertibilidad y ya no había más empresas para vender se recurrió al endeudamiento", dice Marcos Novaro​, sociólogo, coautor de Política y poder en el gobierno de Menem.

"Síganme, no los voy a defraudar", había sido el eslogan con el que hizo campaña para las presidenciales de 1989. Prometía algo intangible -ni más ni menos que la vuelta de la felicidad-, tras el chasco del gobierno de Alfonsín, jaqueado por la hiperinflación, los saqueos, las sublevaciones militares, el descontento popular.

El suyo, como todos, fue un gobierno con altibajos. A la distancia es fácil apuntar todos sus fracasos. Recibió un país y -como ya se dijo- 10 años, 5 meses y dos días después dejó otro con una serie de poderosas transformaciones estructurales.

En medio de un encadenamiento de escándalos de corrupción, se deshizo de todo el patrimonio público que el Estado había acumulado durante décadas.

Privatizó -malvendió, sería el término más exacto ya que se las pagó parte en efectivo y parte en bonos de la deuda que cotizaban a menos de la mitad del valor nominal- desde YPF, Aerolíneas Argentinas​, Gas del Estado, la telefónica Entel, la eléctrica Segba, el Correo, los ferrocarriles, Obras Sanitarias, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro hasta la siderúrgica estatal Somisa. En la época la expresión popular era que el menemismo se había desprendido de "las joyas de la abuela".

Carlos Menem con sus ministros Oscar Camilion y Guido Di Tella en una visita a Santa Cruz, junto a Néstor Kirchner.
 Menem con Camilion y Di Tella en una visita a Santa Cruz, junto a Néstor Kirchner.

"El proceso de privatizaciones no obedeció a dogmas sino a una cuestión de pragmatismo. El Estado que heredó Menem no era el que creó el Perón del 45 sino que era un Estado prebendario, el de la patria contratista", plantea Eduardo Menem, hermano del ex presidente y ex senador.

Eduardo Duhalde pide poner el foco en el espíritu de los noventa. "Todos los países, hasta Brasil con Fernando Henrique Cardoso​, se habían abrazado a la economía de mercado, que prometía la salvación para todos. No tenías ninguna posibilidad de tomar un camino diferente. No se podía hacer lo que se quería", dice. Y subraya: "No fue el peor de los gobiernos, hay que entenderlo en su época".

Las privatizaciones le dieron sustento a la convertibilidad ideada por su ministro de Economía Domingo Cavallo. El uno a uno. Un dólar, un peso. Con el plan, doblegó a la inflación.

Boleta electoral de Carlos Menem de 1989.

Boleta electoral de Carlos Menem de 1989.

En 1989 fue de 3.079%. En 1990, 2.314%. La convertibilidad entró en vigencia en abril de 1991. La inflación de 1999, último año de la administración Menem, aún resuena insólita: fue de 1,2%. Pero negativa. En criollo: -1,2%.

Pero millones de argentinos se empobrecieron. A caballo de las privatizaciones, parte del país se quedó sin trabajo. En 1996, en las neuquinas Cutral-Có y Plaza Huincul emergió un grupo de manifestantes que más de 20 años después aún siguen presentes en la escena política: los primeros piqueteros, que protestaban contra los despidos en YPF.

Menem agarró el país con una tasa de desempleo que hoy suena raquítica: 7,7%. Cuando se fue, el índice se había duplicado: 14,3%.

La pobreza, en octubre de 1999, alcanzaba a 26,7% de los argentinos.

Pero Eduardo Menem, entonces presidente provisional del Senado, pide poner en perspectiva aquel número nefasto. "¿Por qué no comparamos el índice áquel con el de ahora?", desafía.

En abril pasado, el INDEC informó que el país terminó 2019 con 35,5% de pobreza. La eterna cuarentena y el coronavirus​ forzosamente hicieron disparar la cifra.

Eduardo Menem, junto a otros emblemáticos funcionarios de aquellos años, como Carlos Corach, Rodolfo Barra, Horacio Liendo, Domingo Cavallo, Andrés Cisneros y Carlos Bastos, trabajan ahora en un libro para contar "los logros de los 90", confía el ex senador. Se le nota el sabor amargo por cómo se retrata -y quedó grabado al menos en parte de la memoria colectiva- ese período.

 

La convertibilidad, la paridad del uno a uno, atrajo profundos problemas a la poco competitiva industria local. Hugo Moyano, el sindicalista que se le plantó a Menem en los 90, repite una imagen para dejar al desnudo cuál era el problema: "Dejamos de fabricar algo tan simple como escarbadientes".

En un estilo único del manejo del poder, Menem también fue un personaje folklórico al que le gustaba rodearse de las figuras de la farándula vernácula, manejar una Ferrari, coquetear con las famosas, jugar al fútbol y al golf. Todo lo que hoy sería piantavotos, a él le sumaba.

Menemista, además del nombre de su sector político, pasó a ser un adjetivo asociado al mal gusto, al despilfarro, a los nuevos ricos, a la "pizza con champán".

Menem subordinó a todos los sectores del peronismo, incluso a los que después buscaron distanciarse de él, como el matrimonio Kirchner. El hoy senador cristinista Oscar Parrilli fue el miembro informante por el oficialismo en Diputados de la privatización de YPF. Fue el que se puso la camiseta para defender su privatización.

Un logro indiscutido de Menem fue que subordinó, y de forma definitiva, a las Fuerzas Armadas. Una serie de alzamientos militares habían jaqueado a Alfonsín.

El 3 de diciembre de 1990, Menem también debió enfrentar uno, y eso que venía de tomar una polémica decisión: indultar a los jefes militares condenados por el genocidio en la última dictadura que no se habían beneficiado por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y también a los participantes de las rebeliones carapintadas.

El día del alzamiento contra Menem, en su despacho estaban su hermano Eduardo y su vicepresidente Eduardo Duhalde. Ambos recuerdan de manera diferente lo que dijo el entonces presidente, pero más allá de las formas el mensaje es idéntico.

Los dos cuentan que estaban ahí, con Carlos Menem sentado en el Sillón de Rivadavia, cuando entra el entonces funcionario Alberto Kohan con las condiciones que fijaban los militares rebeldes para rendirse.

–"Pásenlos a degüello" –recuerda Eduardo Duhalde que dijo Menem.

–"No, la rendición va a ser incondicional y que vayan presos" –corrige Eduardo Menem que dijo su hermano.

Bill Clinton y Carlos Menem, en 1994.

Bill Clinton y Carlos Menem, en 1994.

Como sea, desde ahí el partido militar quedó domesticado y nunca más se levantó contra un gobierno democrático. Del legado de Menem queda, además, haber puesto fin a la "colimba", el servicio militar obligatorio, tras el crimen de un pobre soldado llamado Omar Carrasco.

El periodista de Clarín Marcelo Helfgot resume en una colección de frases la década menemista.

# "Ramal que para, ramal que cierra". La dijo Carlos Menem tras el anuncio de un paro ferroviario. Fue el puntapié para las privatizaciones. La primera fue la de Entel, ejecutada por María Julia Alsogaray, que quedó identificada como uno de los símbolos de la corrupción de esos años.

El origen de las privatizaciones fue la ley de Reforma del Estado, de agosto de 1989 y promovida por el ministro de Obra Públicas Roberto Dromi.

Uno de los que trabajó en el proyecto fue el después ministro de Economía Roque Fernandez, quien confesaría tiempo despues que evaluaban una por una qué empresas poner en la lista para que sean consensuadas con la oposición. Eran un puñado. Fueron a verlo a Menem y dijo "pongan todas".

# "Del uno a uno al deme dos". Tras un inicio explosivo en su gestión económica, Menem nombró a su entonces canciller Domingo Cavallo como ministro de Economía en enero de 1991. Cavallo le contó a Clarín que lo convenció de la convertibilidad hablándole de Carlos Pellegrini que había impuesto a fines del siglo XIX la caja de conversión en oro.

Carlos Menem saluda a Alberto Fernández, el pasado 1° de marzo. Prensa Senado.

Carlos Menem saluda a Alberto Fernández, el pasado 1° de marzo.

"Menem era de escuchar y si confiaba en uno te daba libertad para actuar", recuerda el economista.

Había acompañado a Menem en muchos viajes de campaña, en los que prometía a los votantes "la revolución productiva" y el "salariazo". "Era un político hábil que en cada ámbito decía lo que querían escuchar", apunta Cavallo.

La convertibilidad produjo la baja de la inflación, que con el atraso del dólar crearon la burbuja para amplios sectores de clase media y aparecieron los viajes al exterior y de compras "del deme dos".

Juan Llach, que fue secretario de Programación Económica con Cavallo, recuerda que el ministro deslizó a poco de andar la convertibilidad ampliarla al euro. "Hubo una mini corrida y nadie más se animó a hablar de cómo encontrarle una salida", comenta ahora. La convertibilidad terminó explotándole al propio Cavallo en 2001, cuando era ministro de Fernando de la Rúa.​

Carlos Menem recibe, en 1989, los atributos presidenciales de manos de Raúl Alfonsín.

Carlos Menem recibe, en 1989, los atributos presidenciales de Raúl Alfonsín.

# "La mayoria automática" y los "jueces de la servilleta de Corach". Menem logró la ampliación por ley de la Corte Suprema de Justicia a 9 miembros. Cinco de los jueces se destacaron por coincidir con la posición de la Casa Rosada.

En aquellos años nacieron los tribunales de Comodoro Py. Según denunció Cavallo, Corach había escrito en una servilleta los nombres de los jueces federales que respondían al menemismo.

Hubo varios casos de corrupción que salpicaron a la administración Menem. El "swiftgate" fue el primero. Después vinieron el de "la leche de Vicco", los "guardapolvos de Bauza", "el caso Yoma", "la Aduana paralela", "el IBM-Banco Nación".

Economía durante la década menemista

El propio Menem tuvo al menos cuatro causas. En tres logró quedar sobreseído recién en los últimos años: la de venta de armas a Ecuador y Croacia (pasó 7 meses en prisión domiciliaria y fue sobreseído por el "paso del plazo razonable"); la de venta de La Rural; y la de encubrimiento del atentado a la AMIA. Hay una cuarta donde está condenado y Casación tiene la última revisión en sus manos: por el pago de sobresueldos a sus funcionarios.

# "Relaciones carnales". La frase se le atribuye al ex canciller Guido Di Tella y representa la alineación total con los Estados Unidos. Eduardo Menem lo discute: admite que Argentina abandonó con Menem el Movimiento de Países No Alineados, pero que lo que hay que mirar son las votaciones en la ONU. "Ahí siempre votamos como los países de Europa más que como Estados Unidos", sostiene.

Algunos sugieren que la política exterior del menemismo tuvo consecuencias fatídicas: los peores atentados terroristas de la historia argentina, contra la embajada de Israel (en 1992; 22 muertos) y la AMIA (1994; 85 muertos).

# "Voto cuota o voto licuadora". El acceso fácil al crédito y el miedo a un volantazo económico fueron clave para le reelección de Menem en 1995 (pudo buscar un segundo mandato gracias a la reforma constitucional del 94, producto del Pacto de Olivos acordado en noviembre de 1993 con Alfonsín).

Sin la "re-re", Menem debió dejar el poder el 10 de diciembre de 1999. Buscó revancha en 2003, cuando peleó por la presidencia. Pese a que su imagen estaba golpeada, salió primero en el comicio, con el 24,45% de los votos. Segundo quedó Néstor Kirchner, con el 22,24%. El riojano, temeroso de sufrir la humillación que indicaban todas las encuestas, decidió bajarse del balotaje.

Y empezó su debacle política. En 2005 compitió por una banca en el Senado: la logró -y el correspondiente blindaje de los fueros-, pero por la minoría. Compitió por la gobernación de La Rioja en 2007 y quedó tercero. En 2011 y 2017 fue reelecto senador por La Rioja, aunque siempre por la minoría.

Una postal de su actualidad política: hoy integra la bancada oficialista en el Senado, subordinado a Cristina Kirchner, quien antes lo maltrataba públicamente por sus políticas en los noventa. Gajes del oficio.

Estuvo preso en la dictadura y perdió un hijo, Carlos Jr, seguramente el peor golpe en su vida. Se fue de la Casa Rosada hace más de dos décadas. Sus colaboradores más estrechos aun lo reverenciaban con el trato de "Presidente". 


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