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INFORME CEPAL
El impacto de la transición energética en el cobre, litio y hierro de América Latina: Desafíos y oportunidades
ENERNEWS/MINING PRESS

El cobre sentirá de forma positiva el impacto de la transición energética, a pesar de que el litio también la alta demanda podría causar retrasos en la producción, mientras que el hierro aún busca su rol en el futuro net zero

24/08/2022

LUCIANA PAZ

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó su informe anual "Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2022: dinámica y desafíos de la inversión para impulsar una recuperación sostenible e inclusiva" donde analiza el rol protagónico de la minería, en especial el litio, cobre y hierro, para cumplir con las metas sostenibles y avanzar en la transición energética.

De manera central el informe  proyecta un crecimiento económico del 2,7% promedio para 2022, en un contexto de fuertes restricciones macroeconómicas que están golpeando a las economías de la región  y analiza los diferentes desafíos de América Latina para lograr la recuperación.

El futuro Net Zero con el marcado impulso en las renovables abre una ventana de oportunidades para los países mineros de la región, como Argentina, Chile y Perú. Desde litio para baterías, hierro y cobre para autos eléctricos y plata para paneles solares. A partir de este escenario, la CEPAL determinó que la competitividad del sector no sólo está marcada por la disponibilidad de minerales sino también por la adecuación de las regulaciones nacionales al uso de tecnolgías sostenibles, cuestión que ya implementan muchos de los países mencionados.

La energía aporta el 73,2% de emisiones de CO2 es por eso que la descarbonización de la matriz energética, es decir que es necesario reducir las emisiones directas, pero sobre todo la huella de carbono de los diferentes sectores productivos. En concreto, se requiere reemplazar los combustibles fósiles en la generación eléctrica por energías limpias y sustituir los vehículos de combustión interna por vehículos eléctricos.

A partir del análisis de las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía,  entre las tecnologías y bienes que se prevé aumenten de forma notable su consumo hacia 2040 se encuentran la generación eléctrica solar y eólica, las redes eléctricas y los automóviles eléctricos. ¿Y cómo impacta en la minería? Los autos eléctricos demandan mayor uso de cobre, hierro y litio para su fabricación lo que implicaría un impulso para la industria y aún más si logra dar el salto de valor agregado entregando el producto terminado.

A fines de 2022, Argentina comenzará a producir baterías de litio a través de Y-TEC, a la que luego se le sumó la inversión de la china Tianqi. Así no sólo tendrá los salares para extraer el mineral sino que podrá industrializar con la valor agregado esa materia prima. 

Según las cifras reportadas por la Comisión Chilena del Cobre, la producción mundial de cobre de mina alcanzó 20,66 millones de toneladas métricas, cifra un 0,4% menor a la registrada en 2019. A su vez, la oferta de cobre refinado se elevó hasta 23,9 millones de toneladas métricas, cifra un 2% mayor con relación al año 2019. Por su parte, la demanda de cobre refinado alcanzó 24,8 millones de toneladas métricas, un aumento de un 3,4% respecto al año 2019. De esta forma, el balance de mercado fue deficitario en cerca de 1 millón de toneladas métricas durante 2020

Actualmente, la oferta mundial de cobre se concentra en seis países: Australia, Chile, China, Estados Unidos, Perú y República Democrática del Congo.

Mientras que la demanda,  se concentra en cinco países, que representaron el 80% del consumo de cobre durante el año 2020. Estos centros de demanda son: China (58,5%), Estados Unidos (6,9%), Alemania (4,3%), Japón (3,6%) y República de Corea (2,5%). En la última década China ganó el poder de la demanda de un 40% a un 58,5% total de consumo.

Frente a un panorama Net Zero, donde la generación eléctrica y el transporte será renovable, el protagonismo del cobre dependerá de la velocidad con la que se apliquen las tecnologías necesarias para alcanzar la transición.

El informe estima que el consumo unitario de cobre en vehículos eléctricos (en kilogramos por vehículo) más que duplica el consumo necesario en los vehículos de combustión interna. Del mismo modo, el consumo unitario de cobre para la generación eléctrica (en kilogramos por megavatio) mediante plantas solares fotovoltaicas es un 160% mayor que los correspondientes requerimientos en plantas de gas natural y carbón.

Según cifras del Banco Mundial y la AIE, en el caso de la energía eólica en tierra, el mayor requerimiento unitario de cobre respecto a las tecnologías actuales alcanza un 660%. A estas nuevas tecnologías hay que añadir el efecto que tendrá la transición energética sobre el consumo de cobre a causa de la electrificación de los países, que aumentará la demanda de redes eléctricas que son muy intensivas en el uso de cobre.

El mercado del litio fue valorado en US$ 2.700 millones y en  2020 y se espera que alcance los US$ 4.000 millones  en 2021 (Grand View Research, 2021), retomando así el tamaño prepandemia. Conforme a lo reportado por IFP Energy Nouvelles, el mercado ha presentado un comportamiento superavitario durante los últimos años.

En la segunda mitad de la década se produce un drástico cambio estructural impulsado por las expectativas de demanda a partir del crecimiento del parque de vehículos eléctricos, lo que hizo que el precio más que se triplicara.

La oferta de litio se concentra durante las últimas décadas en cuatro países: Argentina, Australia, Chile y China, que en su conjunto representaron cerca del 95% del suministro mundial de este mineral durante 2020. Estos países concentraron el 93% de las reservas a nivel mundial, pero la participación de cada país en ambas dimensiones difiere bastante.

Mientras Australia lidera la producción con un 48,7% del total, sólo posee cerca del 22,3% de las reservas, Chile produce el 21,9% de la producción mundial, pero posee reservas equivalentes al 43,7% del total

En lo que respecta a recursos  identificados, cerca del 60% se encuentra en el denominado "triángulo del litio": Bolivia (24,4%), la Argentina (22,4%) y Chile (11,2%). Hacia finales de la década,  Australia tomó el liderazgo de la industria al representar el 51,2% de la producción total y Chile, solo el 23% mientras que la participación de China subió forma considerable  y Argentina se mantiene relativamente constante.

Por el lado de la producción, China fue el país que aumentó proporcionalmente en mayor medida su producción, con un incremento del 238%. Le siguieron Australia y la Argentina con un 220% y un 110%, respectivamente y, por último, Chile con un 39,5%.

La demanda de litio,  puede dividirse en sus usos para baterías y usos tradicionales. El primero comprende las baterías para vehículos livianos y pesados artículos electrónicos y almacenamiento energético que en 2020 representó un 71% (en comparación con el 23% del 2011).

Los usos tradicionales abarcan productos de vidrio y cerámica, plásticos, grasas y lubricantes, entre otros. La participación de los usos tradicionales y para baterías ha variado de manera sustantiva durante la última década, siendo la categoría de baterías la que ha movido la industria. 

A diferencia del cobre, la demanda prevista del litio se concentra casi exclusivamente en el auge y consolidación de los vehículos eléctricos, en desmedro de los vehículos con motor de combustión interna. El Banco Mundial (2020) proyecta que la demanda anual de litio para uso en tecnologías de energía al año 2050 equivaldrá al 488% de la producción registrada en 2018.

La AIE estima que el actual escenario de superávit pasará a deficitario por el alto índice de demanda de litio y la escasez de producción 

Según las estadísticas más recientes del Servicio Geológico de los Estados Unidos, la producción mundial de mineral de hierro alcanzó los 2.400 millones de toneladas métricas en 2020, cifra un 2% menor a la registrada en 2019. Según Cochilco, la demanda en este mismo año alcanzó los 2.414 millones de toneladas métricas.

La oferta de hierro, se concentró durante la última década en cinco países: Australia, Brasil, China, Federación de Rusia e India, que en su conjunto representaron más del 80% del suministro mundial de este mineral durante 2020. El país líder en la industria es Australia, con el 37% de la producción, seguido por el Brasil, con un 17%. Asimismo, este conjunto de países concentró el 75% de las reservas a nivel mundial durante 2020, año en que nuevamente Australia y el Brasil dominaron con un 28% y un 19% de las reservas totales. 

Ahora bien, a diferencia del cobre, con el hierro se abre una brecha. Por un lado, hay estudios, según cita la AIE que plantean que las tecnologías emergentes no son más intensivas en el uso de acero y, por ende, tampoco de hierro, por lo que la demanda de este mineral no experimentaría un cambio de tendencia debido a la transición energética.

Por otro lado, hay estudios que plantean que la demanda de hierro que implican estas nuevas tecnologías no es significativa respecto al tamaño de la industria. Sin embargo, en términos de volúmenes el hierro sería el mineral más demandado como consecuencia del cambio de paradigma tecnoeconómico.

El informe de CEPAL concluye que la mayor intensidad en el uso de minerales de las tecnologías emergentes suscitaría una mayor demanda futura de ciertos minerales. No obstante, el necesario aumento de la producción para satisfacer esta mayor demanda no se logrará con el marco regulatorio actual, sino con uno que habrá internalizado ya el precio sombra a las emisiones.

Por consiguiente, la competitividad de los países productores variará no sólo según la evolución de la productividad, los fundamentos mineros y la institucionalidad, sino también de acuerdo con la intensidad de emisiones contenidas en la producción de los minerales.

Y define que la  competitividad futura estará determinada por los factores antes señalados más dos factores propios de la transición energética que pueden considerarse factores verdes, como son: i) el precio sombra a las emisiones, que está dado por el nivel de ambición de las regulaciones de cada país para enfrentar el cambio climático, y ii) la intensidad de emisiones de GEI de las tecnologías de producción empleadas. 


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*La información y las opiniones aquí publicados no reflejan necesariamente la línea editorial de Mining Press y EnerNews

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